Lunes 16 DE Diciembre DE 2019
Opinión

¿Perdió occidente? –II–

Festejo a la sociedad civil por no cejar su lucha contra la impunidad.

Fecha de publicación: 09-08-19
Por: Fernando González Davison

 

El islam, el budismo y el cristianismo adoptaron las creencias animistas y dualistas antes de su conversión. Por ejemplo, el budismo incorporó a Mara, entidad maligna que intentó evitar que Buda Gautama alcanzara la iluminación. Mara, señor de la ilusión, es un demonio, la parte negativa que habita en el interior de cada mente. El budismo partió de la idea de Gautama de cómo eliminar el sufrimiento cuando joven vio la miseria humana material y anímica. No solo sufrían los que padecían dolores físicos, hambre y falta de techo, sino también los ricos, que nunca estaban satisfechos porque siempre querían más poder y objetos materiales. Gautama fue a meditar varios años hasta que logró la iluminación y vio que todo estaba en la mente. Pregonó por ejercicios de meditación para anular el ego y aceptar la realidad. Y la ciencia no cuajó en esas culturas hasta que nació en Europa y enfrentó al Papa.

Los pueblos budistas y del islam sufrieron las embestidas de los mongoles en el siglo XII y quedaron golpeados por siglos. En el trance por recuperarse llegaron los europeos y los colonizaron para ampliar sus imperios. Así, con la ciencia y la revolución industrial de su lado, los holandeses ocuparon Indonesia, los británicos, India (y Pakistán), los franceses, Indochina; y se repartieron África, mientras los rusos llegaron a Alaska y el mar de Japón. China quedó ocupada por esas potencias. Se salvó Japón porque se había cerrado desde hacía más de un siglo. Se abrió a Estados Unidos, cuando supo que tenía la fuerza para no ser colonizado en 1859. Y mandó a miles de estudiantes a las universidades de Estados Unidos y de Europa para copiar sus instituciones y avances científicos pero sobre todo aprendieron a usar la ciencia y la razón. Y sus militares a ser colonialistas también. Estos se sintieron en la cúspide tras colonizar Taiwán y Corea y al derrotar a Rusia. En 1932 se hicieron del poder de facto y tomaron casi toda China. Luego, sin usar la razón sino el mito, se lanzaron a la II Guerra Mundial contra EE. UU. en alianza con Hitler y Mussolini. Al perder de manera catastrófica su élite volvió a la humildad budista y a la razón. Japón devino de nuevo en una de las potencias económicas del mundo siguiendo el consenso con un Estado centralizado como en el siglo XIX: con la guerra de Corea de 1950-53 su industria se reactivó debido a los pedidos de EE. UU. en esa guerra. India y China lograron su independencia sin encontrar una brújula mientras el modelo japonés lo imitaron los Tigres Asiáticos (Malasia, Singapur, Taiwán, Corea del Sur) que, con buena gobernanza y siguiendo la razón y la ciencia, dieron el salto hacia adelante como Japón. China, tras la muerte de Mao, siguió sus pasos y recibió la inversión de la diáspora china de esos países, luego de Japón y EE. UU. Deng Xiaoping mantuvo un crecimiento del diez por ciento anual con esas inversiones y las locales. Mucho dinero sucio se lavó en China. El capitalismo de Estado planificado daba sus frutos. Occidente alcanzó también un crecimiento sin precedentes en las posguerra, mientras declinó la Unión Soviética. Cuando esta colapsó y se puso fin a la Guerra Fría, la arrogancia de Washington creció al humillar a Moscú. Y mantuvo su misma estrategia de intervenir en el mundo, sin ver que China, India y demás países asiáticos estaban cambiando la balanza del poder mundial a fines del siglo XX. Y la Casa Blanca perdió la razón en 2001 cuando, de manera equívoca, como dice Kishore Mahbubani, se lanzó a despedazar Medio Oriente con un costo de más de doscientos mil millones de dólares, que mejor hubieran servido para mejorar su infraestructura, industria y tecnología de su país, ignorando que perdía competitividad con China, India y los Tigres. Y sus intervenciones siguieron en Ucrania y Libia. Todas ellas afectaron a Europa porque huyeron millones al viejo continente debido a la guerra. China quedó como garante de la globalización, con buena gobernanza, despótica, en consenso interno, con funcionarios ligados a la ciencia y un plan. Chile ha seguido sus pasos en democracia y la va muy bien y hay que seguir sus pasos, mientras occidente se estanca sin valores éticos con el brexit y Trump.