Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

¿Perdió occidente? (I)

Mi total apoyo a la CC ante las violaciones a la Constitución del payaso oscuro.

Fecha de publicación: 26-07-19
Por: Fernando González Davison

 

Mientras el imperio da patadas de ahogado para imponer la voluntad irracional de Trump en los países pequeños como los de Mesoamérica, Kishore Mahbubani en su libro ‘¿Ha perdido occidente?’ responde que sí. Y eso se ve desde Guatemala: con Trump y Boris Johnson dirigiendo el mundo anglosajón con ira. Ambos han dominado el planeta por doscientos años, pero antes, por más de un milenio, China e India tenían la primacía mundial, y ahora la están recuperando. China es la fuerza más dinámica. Su nombre significa en chino: país centro del orbe. Será número uno como lo fue hasta el siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial la inició en Gran Bretaña y siguió en occidente y colonizaron el resto del planeta. Japón por ello se cerró al mundo antes de ser colonizado como sus vecinos de Asia. Se preparó y alfabetizó a más de la mitad de su población hasta que a mediados del siglo XIX se abrió al mundo: sin perder su identidad, bajo la dirección del Estado, copió todo de occidente: instituciones gubernamentales, sistema educativo, ciencias exactas y se volvió colonialista y enfrentó a occidente.

Lo que Asia aprendió de occidente hace más de un siglo, dice Mahbubani, fue la ciencia y el uso de la razón para cometer desafíos como el de Japón en contra de occidente. La razón la enseñaban en las universidades europeas, aplicada a las ciencias y a los avances tecnológicos. China, India y Japón antes del siglo XVIII tenían avances increíbles en la metalurgia y otras técnicas, pero sus investigaciones no eran científicas. Las ciencias sistematizan los conocimientos y el desarrollo tecnológico en occidente permitió solucionar un sinnúmero de problemas insolubles, como las inundaciones, el hambre, las pandemias, la pobreza… Siguiendo el modelo de Japón, los Tigres Asiáticos y luego China avanzaron copiando la tecnología desde Teherán hasta Seúl. Mimetizaron la democracia de occidente pero siguió el poder centralizado con bandera roja o blanca. En China los ministros para serlo tienen que tener doctorado en ciencias aplicadas, no sociales, pues avizoran el futuro en la tecnología. India ya mandó una sonda a la Luna y va en esa dirección. La población asiática es agente de cambio. Mao se equivocó y Deng Xiaoping por ello imitó a los “tigres”, y se abrió al mundo como Japón. El partido único mantiene cohesionado a los mil cuatrocientos millones de chinos. América Latina peca por su descentralización y desgobierno. La globalización permitió a las naciones asiáticas sacar de la pobreza a más de la mitad de ellos en pocos años. Medio Oriente y el norte de África sufren por la injerencia de occidente, como la que hace Trump con Mesoamérica: detener a los migrantes si no pagarán la factura. Pero ha defendido a los corruptos centroamericanos que son los culpables de la migración. África y América Latina deben imitar a los Tigres Asiáticos para salir del fango y actuar con buena gobernanza y transparencia. En consenso, sus élites deben definir un plan de largo plazo con la razón y buena asesoría académica. Con un Estado estable que alcance sus objetivos. Sin un plan, estabilidad y buena gobernanza no hay desarrollo. Los resultados de la buena gobernanza son espectaculares en los países asiáticos con partidos políticos serios y dedicados al bien común. A China le es difícil asumir el liderazgo del mundo porque le vino la tarea muy rápido. Occidente goza y gozará de un alto nivel de vida por mucho tiempo, pero si sus líderes no usan la razón y la lógica (como Trump, Theresa May y ahora Johnson), los países asiáticos con buen gobierno seguirán avanzando con la razón y la ciencia a su lado. Trump y la gente del brexit son parte del problema de occidente y lo sufre Mesoamérica. Europa no quiere la injerencia estadounidense en Medio Oriente porque provocó una oleada de migrantes árabes. Los dirigentes anglosajones actuales no creen en la ciencia ni en la razón, sino en la imposición. Ahora China, India y los Tigres Asiáticos van ejecutando un plan de largo plazo, mientras truena un occidente radicalizado en Washington y en Londres sin tener de guía a la ciencia y la razón.