Lunes 16 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Pecadores y corrupción

“No es preciso que las explicaciones religiosas entiendan que el propósito del libre albedrío reside en su valor intrínseco para nosotros. Supongamos que Dios creó seres dotados con libre albedrío para volverlos imprevisibles, para que él pudiera seguir su historia con interés y asombro: sería la serial de televisión de Dios”’ Robert Nozick.

Fecha de publicación: 24-07-19
Por: Edgar Balsells

 

El pasado miércoles por la mañana en el programa Con Criterio de Radio Infinita accedió a entrevista telefónica el diputado distrital por Chiquimula Boris España, para aclarar en torno a las graves acusaciones del Ministerio Público contra su persona, a quien sindican de lavado de dinero y financiamiento electoral ilícito. Grave la acusación, si se tiene en cuenta que a otros de sus compañeros se les sindica de tráfico de influencias, un delito menor si se considera la pérdida de moral y ética en tal recinto.

La primera respuesta no dejó de causar sorpresa al gran público, y posiblemente a Juan Luis, Pedro y Claudia: el distrital apeló a un discurso religioso, aseverando que el pecado reina en este mundo, y todos nosotros somos unos pecadores, por lo que es casi imposible erradicar ese mal del que todos los mortales estamos impregnados. Luego, la emprendió, con las justificaciones muy propias de la clase política criolla, en contra del testigo protegido, de quien Alejandra Colom en el programa televisivo de la noche del domingo, con los mismos analistas, explicó de forma magistral el entretelón cultural de la tirria en contra de tal figura de nuestro derecho penal.

La justificación del comportamiento pecador, viniendo del legislador de un país, tiene múltiples implicaciones éticas y morales, pero a la vez resulta importante opinar en torno a diversos comportamientos cristianos de actualidad, que impulsan la impunidad en aras, por ejemplo, de buscar el éxito por todos los medios, evadiendo preceptos morales básicos de cualquier legislación y convivencia civilizada, utilizando incluso filosofías organizacionales que ignoran un comportamiento social y acuden al individualismo de “la transformación está en ti”, y no en el contexto, existiendo hoy una mezcla entre la filosofía del éxito y la moral religiosa de nuevo cuño.

El ayudar a restaurarse del pecado cotidiano resulta ser entonces uno de los propósitos principales de quienes dicen tener una conexión especial y de apostolado con Dios, quizás con el ánimo de redimir al prójimo con indulgencias, para cumplir con aquella frase cristiana rendida sobre la ladera de la montaña: “dichosos los de corazón limpio porque ellos verán a Dios”.

El discursillo del pecado generalizado pretende obnubilar aquellas milenarias advertencias sobre la mala hierba, en donde los segadores al dejarla crecer la recogen primero que el trigo, pero luego la atan y la queman. El cristianismo genuino y la doctrina social de la iglesia riñen entonces con estos temas y es por ello que muchos conversos buscan el recinto que los acomode.

Y si a la espiritualidad nos conducen, recordemos los escritos de Robert Nozick, quien meditando sobre la vida bien habla de los maestros espirituales como Buda, Jesucristo o Gandhi: ellos no hacen componendas ni se desvían de los valores que pregonan. Ponen vida entera en ellos y están con frecuencia de no causar daño al prójimo, además de recelar y poner en su correcto sitial moral al poder imperante de su tiempo.

Los maestros espirituales, afirma Nozick, son paradigmas de la fuerza plena de sus valores. Sus vidas entonces son cruciales para convencernos de lo que dicen. Es así como siendo uno, cristiano o no, temas como La Línea I y II, el bufete de la impunidad, el asalto a la salud y muchos revelados por FECI y CICIG, bien vale la pena llevarlos al plano de la filosofía moral y de la sociología de la religión, teniendo en cuenta incluso la degradación religiosa en el medio y su mercantilización extrema.