Domingo 22 DE Septiembre DE 2019
Opinión

El monstruo

Desahogo (mil perdones)..

Fecha de publicación: 24-07-19
Por: Anabella Giracca

 

¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Sin la crueldad que deambula campante, sin la burda mentira, sin un ápice de olvido. ¿Qué hubiera sido de esto con una sostenida lucha por mantener nuestra dignidad? Porque los resultados de esta historia tejida de dolor nos vuelven insensibles. Indispuestos para contarla. Hay recuerdos que deben quedarse en nuestra memoria. Aunque jamás ocurrieron. Pendientes. Imaginados. Soñados. Se llaman democracia.

En el escenario público de la devastación política en Guatemala, con énfasis en los recientes tiempos, actúan tres personajes: el conocido conformismo, la indolencia y el miedo. Este último instalado en un grupo numeroso de ciudadanos silenciosos que se funden con él. Por doquier.

Sí, estamos perturbados por la geopolítica del miedo y los dispositivos simbólicos de la maquinaria simbólica: el retorno a lo monstruoso. Hay una reinvención de ese “monstruo” que la historia insiste en hacer crecer en muchas cabezas: el racismo, el paternalismo, la discriminación. Aprovechándome de las palabras de Galeano en su obra Patas Arriba. La Escuela del Mundo Al revés: “… es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la Policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir”.

El exacerbado etnocentrismo y la recurrente insistencia en estereotipos, no hacen más que inculcar miedo hacia ese “otro” vapuleado, estigmatizado, minimizado. Y pues resulta que son los mismos quienes desde siempre se han visto obligados a temer; presionados a huir ante el dolor de una vida sin salida. Durante el conflicto armado fueron miles y miles quienes, para salvar sus vidas, se vieron obligados a esconderse en país extranjero. Los mismos, en gran medida, que hoy migran hacia el dolor. ¿No es esto discriminación? ¿No es esto racismo? Garantizar hegemonías, etnocentrismo, paternalismo, invisibilización de ese “otro” se convierte prácticamente en política de Estado. Ese “otro” que hoy, en buena medida, mantiene nuestro país con sus remesas. Ese “otro” amenazado continuamente gracias a la falta de políticas certeras. Ese “otro” sin defensa. Solo con el miedo atorado en su garganta a ser una víctima más de muros, talanqueras, guetos, clubes sin carnet de entrada.

Confieso mi miedo. A no encontrar pastillas para despertar. A presenciar sufrimiento sin poder hacer algo para evitarlo. Sí, miedo a no encontrar salida. ¿Quién escribirá la historia de lo que pudo ser con funcionarios responsables?