Jueves 12 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Para comprender la privatización de la Usac

La comunidad universitaria con conciencia debe luchar contra el autoritarismo, sinsentido y mala fe de unas autoridades que poca idea tienen del valor de la educación y su carácter público.

Fecha de publicación: 20-07-19
Por: Andrés Gutiérrez*

Pese a las críticas respecto a los evidentes procesos de privatización que debilitan la idea de educación en tanto bien público, las recurrentes acciones de la administración del actual rector, así como de muchas personas en el CSU, ponen al descubierto aquello que ya afirmaba Hannah Arendt, a saber, que detrás del autoritarismo no se halla la estupidez, sino una curiosa y auténtica incapacidad para pensar.

En este sentido, comprender la privatización de la institución universitaria supone hacer algunas consideraciones previas. En primer lugar, que los procesos de privatización no implican una renuncia a la administración de lo público. Más bien, suponen alterar de forma concreta la forma en la que las instituciones operan. Por otro lado, se debe tomar en cuenta que no es posible explicar una situación política recurriendo únicamente al marco legal. No es la realidad la que se adecúa a la norma. Al contrario, la norma siempre se ve excedida por una realidad por mucho más compleja.

Entonces, ¿cómo es posible entender la privatización de la educación pública? Sugiero responder esta pregunta a través de un modelo heurístico que contemple tres ejes interrelacionados y no jerárquicos. En primer lugar, señalaríamos el desmantelamiento de la educación como bien público. Este aspecto se centra en aquellos procesos, a través de los cuales, se alteran, modifican, sustituyen o eliminan aquellos factores o valores que hacen que lo público sea público. Desde los discursos contra la eficiencia y eficacia de las instituciones estatales, hasta el incremento o autofinanciamiento de los servicios que vulneran la gratuidad de la educación, el desmantelamiento de la institución abre las puertas a nuevas formas de interpretar la administración educativa, erosionando tanto discursiva como institucionalmente la idea de una educación no excluyente, gratuita y democrática.

El segundo eje, el isomorfismo institucional, señala la tendencia de la universidad a adquirir conductas o incorporar métodos propios de otras organizaciones, particularmente de corte empresarial. La gestión por resultados, la implementación de un sistema educativo basado en competencias, la incorporación de métricas, la disminución presupuestaria de las áreas “no productivas” del saber (hasta su eventual desaparición) y la valoración de la educación por su valor de cambio en el mercado, son algunos de los factores que subvierten el campo educativo. Ello, mercantilizando la educación, transformando al estudiante en mero consumidor e implementando una ideología del esfuerzo que premia el desempeño individual sobre los objetivos comunes.

El último eje, la privatización de la identidad comunitaria, se genera a partir del ingreso de organismos o instituciones de carácter privado para prestar servicios o asesoría en áreas otrora exclusivas de la entidad universitaria en tanto institución educativa. Este aspecto genera, entre otras cosas, una desconexión entre estudiantes, docentes y administrativos. Ello, dada la burocratización que resulta de tercerizar (subcontratar) múltiples entidades privadas cuyas lealtades, objetivos e intereses, no corresponden a la visión de la institución. Otros de sus efectos son la burocratización en la fiscalización de los servicios, la pérdida del sentido de comunidad orgánica, la selección de proyectos de investigación a partir de criterios externos, el auge de monopolios comerciales y, por último, la transformación de la política educativa, entre otros.

Este breve desarrollo conceptual trata de explicar, a grandes rasgos, los elementos que se articulan en el fenómeno de la privatización en la Usac. El nuevo entorno moral y educativo que la administración actual promueve, mina por completo el sentido de la educación como bien público. Por ello, la comunidad universitaria con conciencia debe luchar contra el autoritarismo, sinsentido y mala fe de unas autoridades que poca idea tienen del valor de la educación y su carácter público.

*Colaborador en la comisión de Reforma Universitaria de la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León” -AEU- 2017-2019.

Espacio cedido por Jorge Mario Rodríguez.