Domingo 17 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Gobierno de decisiones maliciosas

El poder sirve, tanto para apuntalar decisiones en favor de las colectividades (eso es lo deseable); como para quedar atrapado en su interior.

Fecha de publicación: 19-07-19
Por: Renzo Lautaro Rosal

Es ampliamente reconocida la mediocridad del gobierno encabezado por Jimmy Morales. El desatino colectivo del 2015 nos está pasando una factura de inimaginables consecuencias. Sus desatinos rayan entre lo absurdo e indigno para una sociedad que no termina de levantar cabeza a la hora de elegir a sus gobernantes. El nefasto gobernante y los grupos de interés que pululan a su alrededor, nos han sumido en un agujero profundo y oscuro, siendo servil a la lógica de impunidad que se ha ampliado en la última década.

Contrario al propósito de la transición, que supuestamente correspondería al gobierno electo en 2015 después de los diversos sucesos de ese año, Morales se envalentonó, se engolosinó con la dosis de poder, sirvió de marioneta para que los círculos cercanos reprodujeran diversas manifestaciones de profunda corrupción, de la cual también se alimentó. Quedó bien ante las ambiciones y competencias de un ejército venido a menos, dispuesto a jugar de mercenario en favor de quien mejor les pague. Así, reunió las ansias de poder, con la protección de una institución defenestrada que siempre ha servido de guardián de la impunidad.

Repasemos sus decisiones. Las pocas que ha tomado Morales, se han caracterizado por ser abruptas, intencionalmente generadoras de tensiones, amenazantes a la frágil gobernabilidad. Todas ellas en un marco de malicia y múltiples intenciones, al querer congraciarse para sacar beneficios personales y gozar de impunidad. Desde esta lupa, por ejemplo, intentó adquirir dos aviones militares bajo procedimientos evidentemente ilegales, contraviniendo y sobrepasando el marco de competencias que corresponde a la figura presidencial y al Organismo Ejecutivo. Sus propósitos, varios, entre ellos: quedar bien con la llamada fuerza aérea; jugar a que su administración combate al narcotráfico, cuando en esencia esa expresión del crimen organizado se ha fortalecido durante su gobierno. Además, hacernos quedar en ridículo como Estado, al ser conejillo de Indias con una fábrica que nunca antes exportó avión alguno. Y para ajuste de cuentas, semejante estupidez nos acarreará una sanción económica.

Como la partida de dominó debía continuar, ofreció a Guatemala como “Tercer País Seguro”, consciente que ni por asomo contamos con las mínimas condiciones para semejante propuesta. Pero la malicia no queda allí: su intención era su sobrevivencia personal; habida cuenta que al final de su mandato se deberá abrir un abanico de casos de orden penal en su contra por las diversas ilegalidades cometidas desde la época de campaña. Por encima, quedar bien con la administración Trump; por debajo, negociar impunidad, protección y hasta continuidad en el gobierno. Afortunadamente, esa jugarreta ha sido conjurada de momento; aunque nada ni nadie garantiza que en los siguientes meses (afortunadamente sus últimos), tome otras decisiones de similares
magnitudes.

El poder sirve, tanto para apuntalar decisiones en favor de las colectividades (eso es lo deseable); como para quedar atrapado en su interior, perder el piso, asumir rasgos autoritarios y enriquecerse a costa de los recursos del Estado. Esto último resume a Morales y su lista de maliciosas decisiones.