Viernes 23 DE Agosto DE 2019
Opinión

De norte a sur

Sin subterfugios ni manipulación de la verdad.

Fecha de publicación: 17-07-19
Por: Anabella Giracca

 

En el perímetro de los valores políticos más apreciados, siempre aparece la transparencia como aquella habilidad que tiene un ser humano para que los otros entiendan claramente sus motivos, propósitos y objetivos. Universalmente, la transparencia se enfoca en llevar acciones puestas a la disposición pública, sin tener nada que ocultar. Ser transparente es ser claro, es ser evidente y jamás permitir la sombra. La transparencia es un valor esencial de la democracia que consiente que los demás entiendan netamente y confíen en las acciones políticas de un Estado.

Pero de norte a sur, nuestro gobierno tiñe el ambiente de oscuridad. Desde los buenos aires que se respiran en la cuenca del Río de la Plata, hasta los jardines y monumentos a un costado del Potomac, las actuaciones de nuestro “dream team gubernamental” se asemejan a los efectos de un eclipse total de Sol. Estos días han ratificado con sello de oro, cuál es el estándar adoptado por ellos, y ya no solamente a nivel nacional: la opacidad.

Los famosos Pampa III que no despegarán jamás de tierra patria (esperemos), y los acuerdos bilaterales fantasmagóricos que existen pero no existen, son tan solo las puntas de grandes icebergs sumergidos en un mar muy frío y tenebroso.

Opaco es lo que produce oscuridad, lo que hace a algo o a alguien sombrío. Velado. Pardo. Dudoso. Lastimosamente a muchos les queda el guante.

Desde “adquisiciones, que no compras” hasta “textos negociados, pero que no están firmados”, “por el momento no le puedo dar más información”, “no es tercer país seguro sino otro término que no hemos inventado aún” (risa), son la pintura de un negro azabache, espeso, pastoso, con el que estamos tiñendo la reputación del país a velocidad vertiginosa.

La transparencia es harta obligación cuando de funcionarios se trata. Y es harto derecho de la población demandarla para conocer los hechos que le competen sin subterfugios ni manipulación de la verdad. Y es que en esencia, se trata de tener una cultura de no ocultar nada. Porque un funcionario aprovechado, egoísta e interesado se va pronto, pero el Estado siempre se queda (agotado, derruido).

La penuria más grande es que acá, por mucho que haya una ley que, aunque sea a medias, exige la transparencia, la actitud y el hábito de cuántos funcionarios, es tratar de engañar o decir verdades a medias. ¿Qué creen que somos? ¿Apátridas sin criterio ni sentimientos?

Transparencia es imaginarse agua cristalina y pura. Opacidad es sentirse en un pantano, asediado por bichos que atentan contra nuestra paz, en este caso, nuestra paz social.

Pues simple: exijamos transparencia. Luz. No somos moneda de cambio. No somos trueque de intereses. ¡Alto! Somos un país con dignidad.