Miércoles 12 DE Agosto DE 2020
Opinión

Joao Gilberto y la Bossa Nova

Joao Gilberto era perfeccionista hasta la neurosis y nos dejó sus legados musicales.

Fecha de publicación: 16-07-19
Por: Eduardo Antonio Velásquez Carrera

 

Ha muerto en las vísperas del juego de la final de la Copa América, el pasado domingo 7 de julio, entre el Brasil y el Perú, el cantor, guitarrista, compositor e instrumentista, Joao Gilberto, en la ciudad maravillosa de Río de Janeiro, República Federativa del Brasil. Inmediatamente se me agolpan muchos recuerdos, de años infantiles, cuando camino del Colegio Salesiano Don Bosco, mi viejo, Juan Guillermo, nos lleva en su Rambler American, color gris perla y de asientos corintos hacia las jornadas primarias. Bien peinado y luciendo traje de caballero completo, prende la radio de su auto y comienza a escuchar el programa “El Reloj Musical” – de siete y media a ocho de la mañana… en el que Don Joe Keilhauer se afana en darnos a conocer la Bossa Nova, proveniente del Brazil, con “Z” y no con “S”, Brasil, llegada paradójicamente de Nueva York a Guatemala. Se empiezan a oír los acordes de la guitarra de Joao Gilberto interpretando “O Pato”, que viene cantando alegremente, cuen, cuen, acompañado de Pijijes, Gansos y Cisnes. Gilberto no canta, susurra. Es la Radio Panamericana, la radiodifusora del automovilista, plin. “El teletipo vibrando y Radio Panamericana, informando”. En mis oídos el encanto del idioma portugués. También regresan a mi memoria mis primos hermanos mayores los Carrera Figueredo y De Coto Carrera, tocando bossa nova que han aprendido del fabuloso guitarrista guatemalteco –muchos años residente en los Estados Unidos de América– que se llamó Enrique “Neco” Forno, a quien nunca han dejado de alabar. Ya siendo un adolescente, me veo junto a ellos, sentado en el Conservatorio Nacional de Música, esperando el inicio del programa de Bossa Nova, que Charlie Byrd nos trajo hasta la Nueva Guatemala de la Asunción. En mis días del Brasil, rememoro, previo a salir temprano en la mañana hacia la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Sao Paulo (USP), oír a Joao Gilberto en la radio cantando “izaura, hoje eu não posso ficar” y si caigo en tus brazos, no hay despertador que me pueda levantar. Después vendría mi indagación, mi búsqueda. ¿De dónde venía esa música, esas letras? La Bossa Nova viene de la samba, de la música de los afroamericanos del Brasil, es decir de los esclavos del régimen colonial portugués que fueron liberados con la fundación de la República Federativa, mezclada con la música que generó el mestizaje maravilloso de nuestra América Latina. Hubo dos genios, musicales, como lo fueron Antonio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim y Vinicius de Moraes, quienes fusionaron música y poesía, para crear el bossa nova. A decir de Gilberto Gil, De Moraes era un ser bendecido por la estética, tanto musical como literaria. Recordemos, que Joao Cabral de Mello Neto, uno de los grandes poetas del Brasil siempre le increpó a Vinicius, su desvío por la música popular brasileña (MPB), dejando por un lado las aspiraciones literarias de la Academia Brasileña de Letras, de tener al mejor poeta del país continente. Pienso que Jobim dispensa presentación, músico que interpretaba el piano como la guitarra con igual destreza. Arreglista, compositor y concertista. ¿Y Joao Gilberto, qué papel jugó en toda esta historia? Simplemente que ese garoto tenía bossa. Según los expertos, llevó el ritmo del tamborín, sintetizando los diferentes instrumentos de la percusión de la samba, al ritmo de la guitarra, creando así la característica esencial del bossa nova. Y llegó al estrellato internacional, interpretando “Chega de Saudade” de Antonio Carlos Jobim y de Vinicius de Moraes. Joao Gilberto era perfeccionista hasta la neurosis y nos dejó sus legados musicales. Nunca desafinó.