Martes 4 DE Agosto DE 2020
Opinión

Vivir y saberse vivo

La felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia.

Fecha de publicación: 15-07-19
Por: Luis Fernando Cáceres

 

El sábado pasado fue uno de esos días profundamente preciados, en los cuales puedo pasar mucho tiempo conmigo cuestionándome, haciéndome planteamientos y a veces simplemente observándome. Pasé el día entero sobre mi moto: quinientos kilómetros que me llevaron por montañas, lagos y valles. Ocho horas de manejo –más algunas más que utilicé para comer, pasar fronteras y repostar gasolina– me permitieron la fortuna de estar doce horas recluido en mí.

Quizá la parte con la que más me identifico del trabajo de los antiguos pensadores griegos es el concepto aristotélico de la felicidad. Según él, la felicidad es aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo es decir, la felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia.

Quisiera resaltar esta parte: somos más felices mientras más integrada en nuestra vida esté la actividad que nos es más propia. La felicidad pues, según esto, proviene de identificar y crear la actividad que más resonancia hace en nuestra alma, dedicarnos a ella y buscar la consecución de la excelencia. Seguramente usted lo ha experimentado –en mayor o en menor cantidad– cuando hace lo que más le gusta advierte que lo invade una gran dosis de placer, pero cuando sabe que además eso que ha hecho lo ha realizado con un gran nivel de sofisticidad, ese placer se ve complementado con un profundo sentimiento de satisfacción.

Según Aristóteles, es más propio del hombre el alma que el cuerpo, por lo que la felicidad humana tendrá que ver más con la actividad del alma que con la del cuerpo; y de las actividades del alma con aquella que corresponde a la parte más típicamente humana: el alma intelectiva o racional.

Así que para enlazar ambos conceptos: mientras más alineada esté su vida a realizar actividades que son propias a su alma, más llena de felicidad estará su existencia.

Estoy convencido que las actividades que llenan mis días hoy por hoy son esas que mejor se adecuan a mi existencia particular. La consecución de esas tareas en compañía de las personas que he escogido para hacerlas son las que proveen de riqueza mi vida.

En todo esto meditaba hace unos días mientras serpenteaba por la carretera, tomando curva tras curva, bajando la montaña y viendo aparecer el lago abajo. La posibilidad de dedicarse a lo que a uno más le gusta en la vida es percibido como una gran dosis de suerte, cuando realmente debiera ser visto como una obligación. La resolución por crear y posteriormente dedicarse a la actividad que más conectada está con nuestras almas es quizá el convenio más relevante al que debemos comprometernos. Es un acuerdo que debemos pactar con nosotros mismos.