Domingo 20 DE Septiembre DE 2020
Opinión

El circo se cayó

Aunque es temprano cantar victoria.

Fecha de publicación: 15-07-19
Por: Édgar Gutiérrez

 

Aun teniendo en cuenta las distancias abismales de poder y gravitación en política exterior, Donald Trump y Jimmy Morales comparten varios rasgos, por ejemplo, la improvisación. El borrador del acuerdo de Tercer País Seguro que preparó la administración Trump, previsto para firmarse hoy, no tenía ni pies ni cabeza. The New Yorker atribuyó su autoría a un “pasante” (practicante), rompiendo la tradición profesional del Departamento de Estado.

Es evidente que Jimmy Morales suspendió el viaje a Washington porque la Casa Blanca le comunicó al embajador Espina, palabras más, palabras menos, que el presidente Trump no podía exponerse a un bochorno en la antesala de las elecciones de 2020, en un tema que es central en su campaña y en lo que va de su gestión. Sin sustento legal Morales iba a firmar sobre papel mojado. Además, en el círculo de consejeros de Trump siempre hubo pesimismo sobre la confiabilidad del Gobierno guatemalteco de cumplir eficazmente el compromiso. El tiro podía salir por la culata, aunque para Trump lo relevante era celebrar la victoria.

El comunicado que emitió ayer el Gobierno de Guatemala es inconsistente. Dice que Jimmy Morales canceló el viaje porque la CC puede conceder, mientras él va en el avión, un amparo provisional por arrogarse funciones que sobrepasan las que la Constitución le dicta en la dirección de las relaciones internacionales. Pero, a la vez, niega que el propósito de su encuentro con Trump fuese firmar el acuerdo. Entonces, ¿por qué suspender una reunión beneficiosa para Guatemala: fortalecer lazos comerciales, la democracia, el combate al narcotráfico y la trata de personas etcétera?

Este es otro paralelismo con la Casa Blanca: la firma del acuerdo viola las normas migratorias de
EE. UU. Y un tercero: el secretismo. The Washington Post reveló hace varias semanas la intención de suscribir el acuerdo de Tercer País Seguro, que Trump no consultó con el Capitolio ni puso a debate en la opinión pública. En Guatemala el gobierno de Morales sigue negándolo. Son meras especulaciones, afirma. La semana pasada en Guatecompras solo se reportaba la adquisición de dos boletos aéreos Guatemala-Washington DC, para agentes de avanzada de la SAAS, con fecha 13 a 17 de julio. Lo mismo ocurrió en el furtivo viaje de Morales desde Panamá a Buenos Aires para la también compra secreta –frustrada– de aviones para el Ministerio de la Defensa.

Ayer, al cancelar el viaje, los asesores de Jimmy Morales podrían pretender dejar sin materia los amparos del PDH, de los ex-cancilleres y del ex candidato presidencial Manfredo Marroquín, hasta conocer una sentencia tras el fin de su periodo, dentro de seis meses. Pero para él eso es menos relevante que su propósito personal oculto: impunidad, a costa de entregar el país, sin que le importasen las gravísimas consecuencias. Morales tiene ahora razones de preocupación, pues ha quedado mal ante quien consideró su principal aliado internacional. En los discretos corrillos de Washington se manejó, desde hace tres semanas, una argumentación todavía más ambiciosa y peligrosa entre agentes de la embajada de Guatemala y sus aliados, senadores ultraconservadores con derecho de picaporte en el Despacho Oval. La narrativa se construyó así: a) El 16 de junio se cometió un grosero fraude electoral, que b) favoreció a la Internacional Socialista (léase comunismo) que hará de Guatemala otra Venezuela y, por tanto, c) hay que repetir las elecciones asegurando que un legítimo y confiable aliado tome las riendas del país.

Por ahora el plan de Jimmy Morales se frustró, pero es temprano cantar victoria.