Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

La misma receta del FMI

Fecha de publicación: 12-07-19
Por: Editorial

Las recomendaciones de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que visitó recientemente nuestro país, siguen el mismo cliché de siempre, insisten en lo mismo y no se traducen en fórmulas concretas que apuntalen la expansión económica, que es el factor crítico y determinante para la
prosperidad.

Esther Pérez-Ruiz, jefa de la misión del FMI, durante una presentación de los hallazgos y recomendaciones, destacó la necesidad de reforzar la fiscalización, generar una cultura de percepción de riesgo, retomar el acceso a la información bancaria con fines tributarios y eliminar las distorsiones causadas por los diferentes regímenes especiales que se aplican en nuestro país, sin reparar en que existen impuestos antieconómicos, así como falta de certeza jurídica, que han redundado en la desaceleración económica, y omitiendo que la normativa procedimental para que la SAT tenga acceso a los depósitos bancarios de los contribuyentes, que fue aprobada por el Congreso a rajatabla en 2016, fue correctamente suspendida por la CC debido a que habilitaba la arbitrariedad, el abuso de autoridad, la violación de los derechos de defensa, al debido proceso y de presunción de inocencia, así como la investigación indiscriminada sin causa justificada ni sospecha alguna.

Aunque la misión del FMI enfatizó en los bajos indicadores sociales y la falta de inversión en infraestructura vial y en agua y saneamiento, omitió abordar lo relativo a la calidad del gasto público, a los lesivos pactos de condiciones de trabajo en el sector público, a la burocratización, al gasto clientelar a través de los Consejos de Desarrollo, que drenan los recursos de inversión, así como a la virtual paralización de la inversión pública debido a la aplicación de una pésima Ley de Contrataciones del Estado y a una intervención errática de una disfuncional Contraloría General de Cuentas.

La misión del FMI también insistió en su viejo “caballito de batalla” de aumentar los impuestos, lo que contrasta con la rebaja de impuestos decretada en los EE. UU., que está redundando en el período de expansión económica más prolongado en los últimos 50 años. Asimismo, el FMI puso nuevamente el dedo en el necesario combate contra la corrupción; no obstante, el FMI omitió referirse nuevamente a la participación del Banco Mundial, a través de la Corporación Financiera Internacional (IFC), en el negocio corrupto TCQ, que supone un obligado resarcimiento de daños y perjuicios.

El FMI también omitió mencionar cuestiones punzantes como la emigración de connacionales acicateada por el cambio climático en zonas del noroccidente del país, la explosión demográfica que desborda cualquier esfuerzo estatal en áreas clave como la salud, la alimentación, la educación y la seguridad pública, el estancamiento económico derivado de la baja de los precios de los principales productos de exportación, la arbitrariedad, la inseguridad jurídica prevalecientes en el sistema de justicia, que perjudica el clima de negocios y redunda en desinversión, destrucción de fuentes de trabajo y fuga de capitales, así como la grave perturbación de la institucionalidad democrática y de la paz social que ocasiona el avance indetenible e impune del crimen organizado transnacional, que cada día incide más y más en la acción política y en la conformación de los cuadros de gobierno nacional, regional y local.

En definitiva, pues, la misión del FMI, una vez más, se limitó a hablar de la necesidad de aumentar la recaudación tributaria y decretar nuevos impuestos; e, insospechadamente, dejó de lado factores críticos como la seguridad jurídica, la atracción de inversiones productivas, la protección al empleo, la innovación tecnológica, el impacto negativo del cambio climático y el crecimiento económico.