Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Imaginación en ciclos de crisis III

Todos vamos a FILGUA a escoger libros para vivir.

Fecha de publicación: 12-07-19
Por: Fernando González Davison

 

Cuando Adam Smith en el siglo XVIII publicó su notable obra La riqueza de las naciones, según advierte Harari en su libro citado, contrarió el pensamiento religioso que denigraba la ganancia. Él la consideró positiva porque creaba puestos de trabajo. Es decir, si un productor quería más ganancias por la venta de sus productos, debía contratar más operarios para producir más. O sea que la ganancia era beneficiosa para el empresario, el operario y la sociedad con el crecimiento económico. ¿De dónde viene el valor de una cosa? “El trabajo es la medida efectiva del valor intercambiable de toda mercancía”. La revolución industrial va a acelerar este proceso en occidente con la idea del progreso y la confianza en el mañana, la razón y la ciencia: la supremacía europea fue obvia pues el colonialismo británico abarcó casi dos tercios del orbe. La clave del capitalismo es que la ganancia debe ser invertida en una mayor producción. El capital es diferente a la riqueza suntuaria e improductiva. El crecimiento económico es desarrollo igual que la inversión del Estado. El capitalismo crea la clase media debido a las ganancias que benefician al individuo, a la sociedad y al desarrollo tecnológico… Los bancos dan más créditos y ese crecimiento continúa. Pero la irresponsabilidad crediticia crea las burbujas financieras y la depresión a cada ciclo. El crédito surgió con fuerza tras el descubrimiento de América, en especial entre los holandeses. Se amplió más con el mundo colonizado que reveló el lado oscuro del capital. En los pueblos sojuzgados la vida perdió sentido en medio de la sobrevivencia en un mundo desigual: allí el capitalismo no irradiaba aquellas virtudes de la expansión y crecimiento económico pues el pago eran puras migajas. Los ingleses generaron la guerra del opio en 1840 en contra de China para hacerla adicta a esa droga, recuerda Harari, pues los productores y narcos eran de la firma británica dueña de India donde la producían. Los bancos europeos dieron préstamos al reino de Egipto para que construyera el canal de Suez (por empresas europeas) y, como no pagó todo, los británicos ocuparon el país como un protectorado hasta la II Guerra Mundial para cobrarse la factura. Los créditos privados de las potencias coloniales tenían como garantía la fuerza militar de sus estados matrices y la ocupación de los puertos con barcos de guerra fue común incluso en América Latina.

El libre juego del capital es un mito de los inversores irresponsables que causan reiteradas recesiones que provocan oleadas de desempleo, como dijo Marx. Cuando los mercados son libres la codicia se agranda. Las plantaciones de azúcar ese mismo siglo crecieron y los europeos pasaron a consumir hasta 18 libras per cápita al año como en Londres. Los plantadores hacían millones de libras mientras los operarios del Caribe vivían en condiciones misérrimas. Lo mismo que los esclavos africanos traídos por empresas privadas que cotizaban en las bolsas. Eran vendidos por caciques locales a los “empresarios” europeos y estos a los dueños de plantaciones en las Américas. El colonizaje de América, África, Asia produjo cambios grandes pues murieron docenas de millones de nativos por hambre o al cambiar las formas de producción por la explotación extrema de los trabajadores, buscando más ganancias, esencia del sistema. Smith no vio venir esa fase salvaje y más con la revolución industrial que trajo la explotación de los obreros europeos y estadounidenses con jornadas de trabajo de hasta más de 14 horas diarias. Marx descubrió la verdad de Smith y que el veneno del capitalismo era la avaricia y el trabajo no remunerado que se apropiaba el dueño. ¿Es posible quitarle ese veneno?, porque el comunismo fue peor, según Harari. El consumismo y la codicia sin ética de ahora hacen pensar que son pocos los que de veras siguen a Buda y a Cristo. Pese a ello y a la corrupción, la globalización ha hecho resurgir a China y al este asiático con gobiernos funcionales, que enfrentan mejor que los de occidente el desarrollo y el descontrol ambiental, aunque deben unirse contra el calentamiento global.