Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

El pene del guatemalteco se estaría achicando

Resultado de un estudio científico.

Fecha de publicación: 12-07-19
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

En teoría, el tamaño del pene de los jóvenes guatemaltecos debería de estarse achiquitando, lo cual se deduce y extrapola de un estudio universitario realizado con sólida base científica.

Yo no sé cómo un estudio de campo tan serio e importante haya sido ignorado en Guatemala porque el asunto no es para menos.

Aunque para validar completamente este estudio científico quizá sea necesario, sin embargo, hacer más pruebas de campo, no obstante la seriedad de este campanazo.

Veamos despacio los hechos.

Según un estudio, que fue realizado con jóvenes de la región del Véneto, Italia, el cual se publicó en la revista The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism en noviembre de 2018, los jóvenes que están expuestos al compuesto industrial tóxico sulfato de perfluorooctano (PFOS) tienen el pene más pequeño y delgado que la media, además de acarrear problemas de fertilidad. Según el estudio, otro efecto colateral también sería el aumento de las hormonas femeninas en los hombres.

Hace un par de semanas, este informe lo dio a conocer al gran público el canal History.

Según la columnista Eliane Brum del diario El País, de España, desde 2009 este veneno se utiliza de forma restringida en los 182 países que forman parte del Convenio de Estocolmo.

El asunto tiene otras aristas. Países como Brasil son grandes productores de sulfluramida, un pesticida utilizado para matar hormigas, que cuando se degrada en el ambiente se transforma en PFOS.

En nuestro caso, lo grave es que en Guatemala, su uso, en distintas formas, es extendido y de venta libre.

Claro está que este es un primer estudio científico, que, para cobrar plena validez, tendría que ser corroborado por otros; no obstante a que todo apunta a que la investigación fue realizada muy cuidadosamente, casi sin margen de error.

En todo caso, vale la pena recordar el refrán popular de que hombre prevenido vale por dos porque a golpe dado no hay quite.

Todo este tema podría también tomarse a broma, pero yo no lo haré. Solo apunto, casi como nota a pie de página, que estoy seguro que si Pepe Batres Montúfar viviera, añadiría esta historia a su célebre obra Las falsas apariencias, la cual está llena de sátira picaresca, que todos hemos disfrutado.

De momento, yo sugiero tomar todo esto con pinzas, aunque sí debemos de estar atentos a otros muestreos que seguramente se harán en otros lugares. Guatemala podría ofrecerse como laboratorio porque el uso de este supuesto veneno es generalizado en el campo chapín, siempre y cuando hubiera
voluntarios para ello.

En realidad, y este es el punto importante y central de este artículo, los seres humanos no sabemos cuántos elementos tóxicos contienen nuestra comidas y bebidas, qué cantidad de residuos hormonales llevan, cuántas sustancias cancerígenas contienen, con cuánto veneno estamos en contacto diario.

En las grandes ciudades del mundo, el aire no es limpio. En las últimas semanas hemos oído de la contaminación excesiva por falta de viento en Madrid y París.

Recuerdo que cuando con mi familia fui a Pekín no se podía ver el cielo por la contaminación. Luego tomamos un tren bala a Shanghái en donde el aire no siempre es bueno porque el viento norte lleva la contaminación de Pekín a Shanghái.

En Guatemala, estudios de la Universidad de San Carlos han evidenciado que en algunos puntos de la capital, el grado de contaminación del aire es perjudicial a la salud.

Y ¿qué decir del agua? Más del 90 por ciento de ríos y lagos del país están contaminados. Los ríos son los desagües y basureros del país, que llevan todos los desechos plásticos a los océanos.

Hay contaminación física, que afecta nuestros cuerpos materiales; pero también hay contaminación del espíritu, que ha creado una sociedad menos solidaria, más intolerante, menos compasiva, menos caritativa en el sentido latino originario de la palabra. Hemos, efectivamente, creado una Guatemala con más odio y menos amor que antes, una sociedad en la que el lenguaje ya no es un puente para entendernos sino que un muro para dividirnos.

Seguramente que se está achiquitando el pene del joven campesino guatemalteco, que tendría también acumuladas más hormonas femeninas de lo normal, como también se ha achiquitado en jóvenes y viejos, hombres y mujeres, el espíritu de solidaridad y compasión y misericordia.

Total, el resultado de un penoso proceso evolutivo es el surgimiento de un ser humano capitidisminuido. ¡Del carajo!