Jueves 23 DE Enero DE 2020
Opinión

Nosotros

Una costosa factura.

Fecha de publicación: 10-07-19
Por: Anabella Giracca

 

Gracias a los desventurados Pampa III, van asomando en el imaginario colectivo las verdaderas necesidades que nos aquejan. De a poco, pero algo es algo. Como un despertar lento de la anestesia. La innecesaria, absurda, desafortunada (por no escribir peores adjetivos), compra “adquisición” de los ponderados aviones, ubica en el discurso de medios y analistas las prioridades que han estado engavetadas. En estos días se escucha hablar con mayor presencia sobre hambre, empleo, educación, medicinas, migración, vivienda, absoluta debilidad institucional… “Que inviertan en prioridades y no en aviones que no van a servir para nada”, dice la gente en todos lados. Se habla de “negocio fraudulento”, de “opacidad”. Lo cierto es que esta vez la gente no dejó pasar tan por alto semejante aberración.

Esperemos que esta no sea una llamarada de tusas más. Que todo siguiera igual sería el mayor desperdicio de nuestra historia reciente. Las demandas ciudadanas deben volverse piel. Deben traducirse en reformar este Estado caduco y derruido. Deben cambiar conductas políticas perversas. Deben trasformar nuestro mapa repleto de límites y talanqueras. Deben movernos al verdadero arte de lo posible.

No más falta de solidez ideológica, raquitismo de convicciones y delantera de intereses personales y egoístas sobre aquellas prioridades colectivas que no han sido atendidas. Debemos ser mucho más que un símbolo o un color de corbata. Debemos encarnar la diversidad de voces dentro de una democracia constitucional. Ser tan presidencialistas nos ha cobrado una costosa factura. Porque damos poder absoluto y, con los personajes que desfilan en nuestro sumario de mandatarios, no hemos recibido más que corrupción, burla y desvergüenza. Hoy, un cúmulo de descaros van sumando hasta llegar a colmos impensables.

Somos víctimas de una patología democrática terrible, de la deslealtad que insiste en defraudar a la población. Y esto, lógicamente, causa tremenda desconfianza de los ciudadanos en los políticos.

Pero a pesar de los nubarrones, que bien oscurecen el panorama, la política también la hacemos nosotros. No permitiendo, no autorizando con nuestro silencio y apatía, no aplaudiendo opiniones sin razonamiento, no asintiendo con complicidad inconsciente lo que desfila frente a nuestros ojos.

¿Avalar compras absurdas que comprometen lo poco que tenemos? ¿Darle la espalda al trato inhumano de nuestros paisanos en las fronteras? ¿Ignorar la precaria situación de empleo?… Es que no, esto solo nos convierte en cómplices del dolor.

No engavetemos, no embalemos nuestro destino. Simplemente recuperemos la voz colectiva que es la única que le da sentido a la democracia.

Y como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.