Viernes 6 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Otro crimen de lesa humanidad en Venezuela

Fecha de publicación: 05-07-19
Por: Editorial

La dictadura socialistoide de Nicolás Maduro, que se mantiene en el poder a sangre y fuego en Venezuela, perpetró otro horrendo crimen de lesa humanidad, que supuso tortura cruel y asesinato con premeditación y ensañamiento brutal.

Efectivamente, el sábado pasado, el capitán de corbeta, Rafael Acosta Arévalo, que era uno de los militares venezolanos detenidos el 21 de junio, por su supuesta implicación en otra paranoica conspiración contra la dictadura de Nicolás Maduro, fue asesinado, después de una demencial tortura y tratamiento cruel e infamante, bajo custodia de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), que forma parte de la policía secreta del chavismo.

El director de actuación procesal del Ministerio Público de Venezuela en el exilio, Zair Mundaray, informó sobre los hallazgos médico-legales en el cuerpo del capitán Acosta: “16 arcos costales fracturados, 8 de cada lado, las 3 primeras y la última en buen estado, de ambos lados. Fractura de tabique nasal, excoriaciones en hombros, codos, rodillas, hematomas en el muslo en la cara interna y ambas extremidades. Lesiones (similares a latigazos) en espalda y muslos parte posterior, un pie fracturado, múltiples excoriaciones y signos de pequeñas quemaduras en ambos pies (se presume electrocución)”.

El capitán Acosta fue visto vivo, por última vez, el 28 de junio cuando llegó en silla de ruedas a un tribunal militar y pidió auxilio angustiosamente, porque, evidentemente, lo estaban asesinando los esbirros de la narcodictadura de Maduro.

Lo inaudito es que mientras el capitán Acosta era torturado hasta la muerte, permanecía en Venezuela la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la socialista Michelle Bachelet, quien fue recibida con todos los honores por el sanguinario tirano Maduro, y quien, a pesar de haber constatado in loco los horrores y crímenes de la dictadura chavista, se limitó a decir: “Hago un llamado a dar pasos audaces hacia un compromiso para dejar a un lado las ganancias cortoplacistas y enfocarse en logros a medio y largo plazo para todo el país. Las negociaciones pueden dar frutos solo si son inclusivas y si las partes involucradas dan una respuesta a la urgencia real de la situación (…) Me preocupa que las sanciones (de los EE. UU.) están agravando y exacerbando la crisis”.

Eso sí, Bachelet nada dijo de los cientos de presos políticos que se pudren en condiciones infrahumanas en las mazmorras del régimen, tampoco dijo nada de la catástrofe humanitaria que vive el pueblo venezolano, del exilio de cerca de 5 millones de venezolanos ni de los escándalos de despilfarro y corrupción del régimen totalitario chavista, que han redundado en hiperinflación y destrucción de la infraestructura productiva.

Con motivo de la ejecución extrajudicial de Acosta, Bachelet pidió a las autoridades venezolanas que lleven a cabo una investigación rápida, exhaustiva, eficaz, independiente, imparcial y transparente de su muerte y la dictadura de Maduro adopte “urgentemente medidas para prevenir la reincidencia de la tortura y otros malos tratos de personas bajo custodia del Estado”. Esto ha sonado como pedirle a Drácula que cuide el banco de sangre.

En contraste con lo dicho por Bachelet, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, expresó: “Condenamos el criminal asesinato y detención por parte de la dictadura –mientras Michelle Bachelet visitaba Venezuela– del Capitán Rafael Acosta Arévalo. Los crímenes de Nicolás Maduro no quedarán impunes”.

En fin, la criminal dictadura de Maduro sigue asesinando a ciencia y paciencia de la ONU y de la comunidad internacional. Se solaza con la opresión y represión del desesperado pueblo venezolano, que, a pesar de sus masivas expresiones de repudio, no logran desembarazarse de la dictadura de Maduro, apoyada por las bayonetas de las fuerzas armadas y por los regímenes dictatoriales de Cuba y Rusia.

Ojalá que Guatemala nunca caiga en las garras del chavismo transnacional, que abandera el nefasto Socialismo del Siglo XXI a nivel hispanoamericano.