Domingo 17 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Única opción: más democracia

La débil representatividad y el bajo nivel de legitimidad son resultado de un sistema con poca o ninguna posibilidad de participación ciudadana en la toma de las decisiones políticas.

Fecha de publicación: 26-06-19
Por: Lizardo A. Sosa L.

Los guatemaltecos estamos siendo víctimas del sistema político pues nuestra “democracia”, adolece desde su origen de la representatividad y legitimidad que nutren a la buena política y que son base de cualquier sistema democrático. Si hubiera poderes democráticos, estos estarían integrados (Congreso de la República, por ejemplo) por mayoría de ciudadanos de origen maya y residencia rural; por el contrario, las diferentes regiones, durante décadas, han tenido una representación mínima, dominada por personas procedentes de regiones no rurales y no predominantemente mayas; por supuesto, electos por el pueblo, pero limitado este a votar por candidatos ajenos, impuestos, en la mayoría de los casos, por directivas partidarias en las que predomina la opinión del cacique, del financista, o de las élites y de otros actores sin mayor o ninguna relación con los intereses y aspiraciones de la mayoría.

La débil representatividad y el bajo nivel de legitimidad son resultado de un sistema con poca o ninguna posibilidad de participación ciudadana en la toma de las decisiones políticas, circunstancia determinada por el ejercicio autoritario del poder dentro de los partidos políticos, a nivel nacional, departamental y municipal, en la designación de candidatos a cargos de elección popular, en el debate sobre los lineamientos programáticos (a la verdad, casi inexistente) y en la elección de autoridades partidarias, decisiones que permanecen fuera de la influencia de las bases del partido, las que solamente son convocadas para realizar trabajos de campaña electoral y para votar en tiempos de elección.

Preguntémonos si no, cuántos candidatos presidenciales, a diputados o alcaldes, fueron nominados por las bases ciudadanas, sea en elección primaria cerrada o abierta o por algún otro procedimiento. Y desde allí, se genera la falta de representatividad y la ausente legitimidad de los electos. Ciertamente, legalidad no les falta, porque la armazón jurídica del régimen electoral se estableció precisamente para no permitir la participación ciudadana en esas decisiones.

Aunque una gran mayoría de entendidos en estos temas están conscientes de las debilidades y deficiencias de nuestro sistema político, se persiste en la indiferencia respecto a la urgencia de gestionar y producir los cambios en la Constitución y en la LEYDPP para hacer política de manera diferente; de lo contrario, no tendremos resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo. La solución, a mi juicio, consiste en procurar un sistema político más democrático, en donde la mayoría expresada en las urnas sea fuente de representatividad y legitimidad y que consecuentemente los así electos ejerzan el poder delegado por el pueblo.

Las minorías, que en el ejercicio del poder irrespetaron los derechos de las mayorías temen, que en ese mismo ejercicio, estas mayorías irrespeten los derechos de las minorías; ahí, necesariamente, se plantea la urgencia de revisar nuestra Carta Magna de manera ampliamente consensuada, para que fortalezca normas que hagan posible la libertad y la convivencia pacífica y aseguren el respeto de los derechos de todos.

Más participación ciudadana y más democracia es la única opción. ¿Cuándo comenzamos?