Domingo 22 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Fraude estructural

“No contaba quiénes votaban, sino el voto de quienes contaban” – frase atribuida a José Stalin.

Fecha de publicación: 25-06-19
Por: Lionel Toriello

 

El Tribunal Supremo Electoral (TSE), órgano del Estado de Guatemala independiente de los otros tres poderes, antecede a la misma Constitución de 1985 que hoy nos rige, pues fue, paradójicamente, creado por el Decreto-Ley 30-83 el 23 de marzo de 1983, durante el gobierno de facto de Efraín Ríos Montt; aunque fue puesto realmente en marcha durante el gobierno, de facto también, de Oscar Humberto Mejía Víctores, para convocar a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), en 1984. El primer Presidente de ese TSE inicial (refrendado posteriormente por la ANC, al darle reconocimiento constitucional) fue el eminente jurista Arturo Herbruger Asturias, quien presidió las siguientes dos magistraturas, ya constitucionales, de ese alto y entonces, prestigiosísimo Tribunal. El licenciado Herbruger Asturias, en 1953, ya había cobrado amplia visibilidad pública, cuando fue destituido como Presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) por el Congreso de la República, junto a otros dos de sus compañeros magistrados, por amparar a un finquero, aduciendo vicios legales en la aplicación del Decreto 900 (emitido durante el gobierno constitucional de Jacobo Árbenz Guzmán). Pero Herbruger Asturias realmente captó el ojo público hasta cuando se enfrentó a las acciones golpistas de Jorge Serrano Elías en 1993 y se constituyó así en el primer asidero legal de quienes nos pusimos del lado de la preservación del amenazado orden constitucional, durante el torpe Serranazo. A riesgo de su vida, al negarse a acceder a la pretensión del aprendiz de Dictador de convocar ilegalmente a nuevas elecciones, ese primer Presidente del TSE defendió personalmente, con su gallarda actuación, a la democracia guatemalteca. Una ciudadanía agradecida lo vio asumir la Vicepresidencia de la República, al lado de Ramiro De León Carpio, para completar el interrumpido período presidencial de Serrano Elías. Honra es debida en el Panteón de la Patria, a don Arturo Herbruger Asturias, primer Presidente de nuestro TSE…

El robusto sistema electoral que ha encabezado ese TSE de tan honrosos orígenes, descansa en la participación ciudadana, que por medio de Juntas Receptoras de Votos (JRV) integradas por voluntarios, hacen el escrutinio al primer nivel, en la base del sistema, contando, en presencia de los fiscales que los partidos políticos en contienda tengan a bien enviar, los votos emitidos por los electores y de lo cual dejan constancia legal en ‘Acta’, cuyas copias certificadas supuestamente conservan los integrantes de la propia JRV y los fiscales partidarios que así lo deseen. Estas actas y sus copias certificadas, constituyen la garantía básica del sistema, lo cual contrasta con el “sistema” que había antes, cuando todas las papeletas, ya marcadas por los votantes, “se remitían” a la autoridad electoral en la capital, para que allí, en el sótano de algún edificio de gobierno, “las contaran”, entre sustos y “apagones de luz” los incondicionales del gobierno de turno. Porque entonces, como dicen que decía Stalin, “no contaba quiénes votaban, sino el voto de quienes contaban”. Desde la elección de la ANC en 1984, nunca, hasta ahora, se había vuelto a poner en tela de juicio la fidelidad con la que los informes del TSE reflejaban la voluntad popular. La herencia patriótica de don Arturito, se hizo institución. Con cada ejercicio comicial, la cohorte de voluntarios se integraba, mayoritariamente, con “veteranos” de anteriores comicios, a los que solo se agregaba un pequeño porcentaje de “nuevos”, para suplir tanto “las bajas” en el voluntariado, como un natural crecimiento de los números poblacionales. Para el siguiente ejercicio comicial, estos novatos constituían un nuevo grupo de veteranos, pues la fidelidad al proceso democrático se convirtió en uno de los pocos tesoros cívicos con los que ha contado Guatemala y la cual, cientos de miles de ciudadanos se encargaban, periódicamente, de resguardar. El TSE entregaba a quienes debía las copias certificadas de las Actas y a nivel de Centro de Votación, de Distrito electoral y a nivel nacional, todo era una simple acumulación de los totales del nivel anterior. No se necesita gran “sofisticación informática”, solo es cuestión de sumar, eso sí, respetando las reglas de la aritmética. Todos sabíamos que era una insensatez, una locura, que alguien intentara “contar mal”, pues los ciudadanos, por miles, tenían copias certificadas de las actas. Un fraude exitoso, sabíamos, era prácticamente imposible…

Pero he aquí que la mezquindad humana no ha desaparecido de esta sufrida tierra. La actual (sexta) magistratura del TSE, tras las convulsiones del 2015, “dejó de llamar” a los voluntarios “veteranos”, aunque algunos se siguieron presentando, de todos modos. Ya para la malhadada “Consulta Popular” del año pasado, “los veteranos” eran menor porcentaje, y “los nuevos”, más y más. Súbitamente y bajo sospechosas circunstancias, se cambió a la proveedora de servicios de cómputo que por años venía haciendo “las sumas”. Mal informados, poco entrenados y mal asistidos: muchos centros de votación, pese a los ahora cuantiosos millones (con los que nunca contó el TSE de don Arturito, pero que ahora alcanzan hasta para pagar noches de hotel “cinco estrellas”), “no tenían impresora” y ahora ¡en el 2019! las copias de actas se hacen “a mano”, con “papel pasante”… La actual magistratura, pese a saber esto, estuvo a punto de impedir el uso de celulares, que permiten tomarle foto a las actas y enfrentar “la falta de impresoras”. “En arca abierta, hasta el justo peca” y en muchos “feudos municipales” avispados “asesores” de alcaldes, se encargaron, corruptamente y en la oscuridad, de reclutar “voluntarios afines” para integrar muchas JRV. El TSE, “tarde, mal y nunca” se medio preocupó de adiestrar correctamente a “los nuevos” y encima, produjo una serie de indicaciones y contraindicaciones que contribuyeron irresponsablemente a minar la arduamente labrada previsibilidad de los procesos internos. Dificultó, también, a los partidos, la nominación de fiscales, mercerizando, aún más, el anterior voluntariado…

En la madrugada del lunes 17 de junio de este 2019, un no despreciable porcentaje de las actas reportadas, ya en manos de ciudadanos ajenos al TSE, “no cuadraban”. Conforme pasaban las horas, salían a luz casos y más casos que mostraban la incompetencia de muchos voluntarios “nuevos” y de algunos “empleados informáticos” que alimentaban a “la gran sumadora”. El peso de la incontrastable evidencia presentada por diversos grupos ciudadanos ha forzado a la actual Magistratura a iniciar un proceso de “reconteo público, acta por acta” y a esclarecer aquellos casos en los que indiscutiblemente, hubo comisión de delitos electorales, los que incluirán a un porcentaje de miembros de JRV. Como resultado de esta “revisión”, algunas diputaciones y alcaldías “cambiarán de manos” y si bien es muy poco probable que cambien “los finalistas” de la Presidencial, sí cambiará “la retribución” oficial de los votos, de unos y otros partidos, por cientos de miles de quetzales. Aún para el inicio, tardío y confuso, de la “audiencia de revisión”, el TSE no había proporcionado razón de porqué faltaban las imágenes del tres por ciento de las actas… la credibilidad institucional de tiempos de don Arturito ha quedado en entredicho. Algunos quieren olvidar lo que dice el Artículo 93, inciso ‘a’, de la Ley Electoral. A los chapines no nos gusta llamar a las cosas por su nombre, pero como bien dicen los gringos: “si tiene plumas y pico, camina divertido y hace ‘cuac, cuac’…probablemente ¡es un pato!”.

Pero esta pérdida de aquel tesoro ciudadano que nos legó don Arturito, la podemos reparar. Lo que está más cuesta arriba es nuestro problema político de fondo: otra vez, nos dicen que tendremos que escoger “entre los males, el menor”. La contienda electoral no sirvió para que los ciudadanos discutiéramos públicamente y evaluáramos la mejor ruta para salir de nuestro actual predicamento. Nuestra tercermundista aversión a la discusión política verdadera, nos vedó, ya fuera por “campaña anticipada” o por inaccesibilidad a los medios, conocer qué propuestas políticas han estado en juego. El sistema, fruto de la vieja política, lo logró otra vez: candidatos mudos se vendieron como quien vende una nueva marca de jabón. La “compra de votos” y un descarado y corrupto clientelismo, aumentó, mientras que a quienes pretendieron proponer nuevas ideas, el sistema les vedó el micrófono. El sistema político, estructuralmente, nos defraudó otra vez. Tenemos que luchar, ciudadanos, porque esta vez, haya sido la última…