Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Una fría mirada al espejo

“No es que los pueblos tengan el gobierno que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”.

Fecha de publicación: 24-06-19
Por: Luis Fernando Cáceres

 

Otra vez nos tocará elegir entre el menor de los dos males. Pareciera que es ya el método de ejercitar el proceso electoral en Guatemala: votar por el candidato que es considerado menos negativo. Elegir por la opción menos deplorable, menos perniciosa, menos siniestra es una forma profundamente infortunada de seleccionar funcionarios públicos.

Joseph de Maistre sostenía el pensamiento que “cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece” y luego el francés André Malraux matizó mejor la idea diciendo que no es que los pueblos tengan el gobierno que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen. Así que esa es la fría mirada que debemos darle al espejo. La oferta política es tan mala en este país porque la demanda política es absoluta y llanamente inadecuada.

¿Quiere describir a la demanda electoral de este país? Es fragmentada, desinteresada e ignorante, profundamente egoísta e interesada solamente en el corto plazo. ¿Quiere hacer el ejercicio de personificar a la base electoral guatemalteca? Es Sandra Torres con ligeros toques de Alejandro Giammattei y pincelazos por aquí y por allá de muchos enanos políticos.

¿Por qué es que la gente vota en contra de sus propios intereses? Lo vemos todo el tiempo y en todos lados. No es que sea una forma de actuar distintiva de los guatemaltecos. ¿Por qué es que las personas apoyan a candidatos que no representan sus intereses individuales? Joanne Ciulla en una disertación en la Conferencia Internacional de Estudio de Liderazgo sostuvo que el rencor explica una gran parte del comportamiento contradictorio de los votantes. De hecho, agrega, ese sentimiento de animosidad y desigualdad es tan determinante al actuar que, llevado al extremo, es el que es explotado por quienes reclutan bombas-suicidas.

Guatemala claramente es una placa de cultivo muy fértil para la manipulación sustentada en el resentimiento, lo que beneficia a los populistas que desfilan cada cinco años al ritmo de la Granadera.

Al fin de todo análisis, sin embargo, la verdad se sostiene: los presidentes que hemos tenido y los candidatos que tenemos son un reflejo de los
guatemaltecos.

Sin importar de qué clase social, de cuál etnia, de qué ubicación geográfica o con qué educación cuente el votante, en Guatemala las personas votan principalmente tratando de evitar al candidato que deploran o buscando bloquear a la peor opción según su particular mirada. Eso es precisamente lo que robustece el sistema podrido de oferta que hemos creado. Por eso las personas con alguna combinación de méritos éticos y profesionales que han osado participar en política nunca han realmente despegado. Siempre es el mismo tipo de personalidad la que logra altos índices de intención de voto: los egoístas que llaman a la división. Y esas personas, vuelvo y digo, aunque nos repugne y nos encolerice al borde de la locura son el reflejo de nosotros, de la gente que habita en esta Guatemala que patina y patina en estiércol político.