Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

La cantina: Una guatemalteca ni de izquierda ni de derecha…

Estas han sido las elecciones presidenciales más extrañas desde la primera vez que vote.

Fecha de publicación: 24-06-19
Por: Mónica “Toti” Fernández

 

Apenas empezábamos a inclinarnos por uno u otro candidato cuando se instalaron la incertidumbre, la apatía y las mentiras en el proceso preelectoral. Las encuestas falsas lograron crear ansiedad y confusión, al hacer creer a la gente que unos tenían más oportunidad de ganar que sus rivales.

Bajo estas condiciones, el guatemalteco cedió a la demagogia de los candidatos que capitalizaron el discurso ideológico polarizador de izquierdas y derechas al que nos han sometido por años. Aun hoy, en pleno siglo 21, los pensamientos y los ideales de las personas son encasilladas en uno de los dos extremos del espectro ideológico; siendo estos presa de aquellos que, sin un argumento sólido, estudiado y basado en hechos, juzga y cataloga sin evaluar más allá de sus propios prejuicios. Y así, la mayoría votó, una vez más, sin tomarse la molestia de evaluar cuáles eran los programas de gobierno, los equipos de trabajo y las propuestas de país. Acudimos a las urnas polarizados y divididos, atendiendo a la coyuntura más que a nuestro futuro.

Hoy recuerdo “la plaza”. Los guatemaltecos nos mantuvimos unidos dejando de lado los prejuicios. De manera pacífica, sin juzgar y encasillar de izquierda, centro o derecha a quienes se sumaban a nuestra propia causa, derrocamos a un gobierno corrupto. Empujados por un objetivo en común, en el que las tendencias políticas eran irrelevantes, logramos lo inimaginable, convirtiéndonos en un modelo a seguir y un referente internacional.

Lastimosamente, en esta coyuntura, no logramos encontrar objetivos capaces de unirnos una vez más como lo hicimos en la plaza en 2015. Aunque los desafíos comunes son muchos, ningún candidato los puso en relieve. Ejemplos sobran, como el hecho de que una gran parte de nuestra niñez padece de desnutrición crónica. Según estudios, un cerebro desnutrido sufre daños irreparables y los niños ven limitado su potencial y aprendizaje. Estas son las luchas que deberían unirnos, a las que deberíamos atender y que deberían guiar nuestro voto. Estas son las batallas que tendríamos que librar juntos para salir del subdesarrollo.

El poder se manifiesta de tres formas: político, económico y de conocimiento. El político, utilizado con inteligencia, revierte en el pueblo derramando bienestar en la sociedad. Mal empleado resulta en nuestra condición existente. El económico contribuye al desarrollo, y sus protagonistas generan condiciones para que, de igual manera, exista un desarrollo social. Los impuestos que pagamos deberían ser utilizados para poner en marcha un plan de desarrollo económico y social viable y sostenible. No podemos controlar lo que otros hacen, pero sí podemos contribuir con los que a cada quien le corresponde. Y a los guatemaltecos comunes y corrientes nos corresponde nutrir el conocimiento. Solo así podremos librarnos de quienes tanto daño nos han hecho.

Enfoquémonos en objetivos comunes, que contribuyan al bien de nuestro país, seamos todos buenos ciudadanos, evitemos la condena “ideológica” y contribuyamos a que las cosas sean distintas. Es hora de que cada uno de nosotros seamos parte de ese espíritu que se encuentra en los países avanzados en donde priman las leyes y el respeto al prójimo para que juntos vayamos cambiando nuestro país.