Domingo 22 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Gestionar los resultados

En política los símbolos cuentan.

Fecha de publicación: 20-06-19
Por: Edgar Gutiérrez

 

En esencia no hubo sorpresas el 16 de junio, aunque se ha corrido la cortina que deja entrar un poco de aire fresco al sistema político. Está por verse si los resultados electorales serán el punto de partida para la reforma profunda del sistema o significan la extensión de una crisis que ya es insoportable. Conociendo líderes y cuadros de los partidos no encuentro razones de peso para el optimismo; pero, en lo inmediato, depende de cómo gestionen los resultados.

Con 54 diputaciones la UNE, como primera minoría, dominará la próxima legislatura. Si ese partido articula con las bancadas reformistas una agenda mínima sustantiva, alcanzaría mayoría simple, suficiente para aprobar normas ordinarias. En ese caso la correlación de fuerzas se alteraría, pues el “pacto de corruptos” perdió el peso aplastante que exhibió durante los últimos tres años.

Este dato es relevante, además, para la conformación en octubre de la nueva CSJ y Salas de Apelaciones. Como los órganos de control excepcionalmente ejercen independencia, lo más probable es que también el MP y la Contraloría se alinearían a los nuevos vientos.

En la segunda vuelta mucho dependerá –otra vez– de cómo Sandra Torres y Alejandro Giammattei administren sus resultados en apenas seis semanas. La importante distancia de once puntos porcentuales que arrojó la primera vuelta, exige de Giammattei actos dramáticos que sacudan la conciencia de los votantes urbanos más conservadores e inclinados a la mano dura, además de saber explotar el antivoto estructural de su contendiente.

Para Torres el desafío es distinto. Administrar su ventaja consiste en reprimir exabruptos y trazar una línea de amplio grosor que la diferencie del “pacto de corruptos”. En el Congreso, durante el último año, esa línea ha sido más que difusa, inconstante, pues sus destacados dirigentes cayeron bajo el foco de la justicia. Fue su supervivencia política, pero eso disgusta a los votantes que ahora debe atraer. Por otro lado, la extensa estructura organizativa de la UNE será demandada a desplegar esfuerzos extraordinarios para movilizar a los simpatizantes rurales y semiurbanos y trazar alianzas implícitas con partidos reformistas a fin de mitigar el antivoto.

Las aburridas –y mal expuestas– promesas electorales recicladas cada cuatro años, dieron margen a otra señal: en política los símbolos cuentan. Dos símbolos de esta campaña fueron Thelma Cabrera (campesina indígena) y Edmond Mulet (instruido diplomático). No necesitaban grandilocuencia, su hoja de vida retrata lo que son y podrían hacer en la Presidencia, por eso escalaron en poco tiempo y con escasos recursos. Una campaña prolongada digamos a seis semanas, muy probablemente hubiese hecho tambalear el segundo lugar de Giammattei. Otro símbolo fue el Movimiento Semilla, cuyos candidatos a diputados ganaron el distrito central y municipios; refrescan la política e involuntariamente pasaron a ocupar el espacio electoral de Encuentro por Guatemala de las últimas tres elecciones.

Pero, como se vio con Mulet y Cabrera, los símbolos políticos tienen mayor estatura que sus partidos y, sin Congreso, en la Presidencia habrían sido rehenes del sistema. Un ejemplo de símbolo que emergió en la crisis política de 2015, pero que resultó onerosamente fallido (y grotesco), fue el cómico Jimmy Morales: acabó con lo poco de institucionalidad pública que nos quedaba; se dedicó a enterrar a la CICIG, la única esperanza de lucha contra la corrupción, y termina a tambor batiente entregando sin sonrojo la dignidad soberana y volteando arteramente los fusiles en contra de quienes lo eligieron, incluyendo los migrantes.

Finalmente, a propósito de gestionar resultados, qué mal lo ha hecho el MLP. Hasta borraron la sonrisa de Thelma Cabrera al día siguiente de su sorprendente triunfo electoral.