Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Transcurrieron

“¿Auténticas?”

Fecha de publicación: 19-06-19
Por: Anabella Giracca

 

¡Transcurrieron las elecciones! (Etapa I). Sin duda, las más accidentadas y extrañas de nuestra historia democrática. Desde el inicio hasta la culminación de esta primera meta. En un ambiente de ciudadanía víctima de su propio “Titanic”. Aquí surge una necesaria pregunta sobre la naturaleza de la democracia: ¿Habrá que legitimar la “institucionalidad” si los funcionarios designados y electos no lo han hecho en el pasado? La revelación de podredumbre ha oscurecido aún más la débil valorización de la política. La descomposición estructural evidenció la cúspide de la corrupción (o viceversa). Al parecer, las fuerzas oscuras insisten en desdibujar semejante descontento nacional con inmediateces, dádivas y falsa caridad. Estas elecciones parecieran deambular entre la dicotomía de un hartazgo social y la insistencia del sistema y sus actores por sobrevivir a toda costa.

En estas condiciones, el futuro que avizoran los expertos es penuria, bajo un eco sutil de amenazas y violación de los derechos y libertades fundamentales de la ciudadanía. Simplemente insólito que a estas alturas sigamos empantanados en el mismo pantano.

Es evidente la bofetada del caso Thelma Aldana. Imposible de olvidar semejante afrenta. El inicio de un fraude orquestado para apartarla del camino, nada más y nada menos que valiéndose de las instituciones cooptadas. Un daño profundo que ensució desde el inicio, el honor de este proceso. O el caso Schaad, por ejemplo. Navegamos en la periferia y no logramos entrar en las venas de esta historia para entender lo que está
ocurriendo en realidad.

¡Vaya escenario! Hoy las elecciones no resuelven el problema del sistema político corrupto e inoperante. Y, como si fuera poco, el cuadro se complica por la incredibilidad y desconfianza colectivas, que no solo encarna la existencia del sistema precario, sino impacta en la gobernabilidad.

Con claras y felices excepciones, por supuesto (que bien las conocemos), estas elecciones no contribuyen del todo a renovar la clase política; continúa siendo el dinero y no la ciudadanía lo que determina al ganador. Se presume involucrado financiamiento ilícito y las prácticas acostumbradas de bonos, cheques, láminas, gallinas, estufas, “acarreo”, boletas premarcadas…, campantemente.

Este panorama habla de varias tendencias: abstención, voto nulo, y voto por el menos malo (“elecciones de castigo”). ¿Serán auténticas bajo estas condiciones? Que la paz reine en esta hecatombe de incertidumbre, porque lo que ocurrió a simple vista en estas elecciones ya es imposible de invisibilizar.

Y la historia se repite: (Etapa II), donde el menos peor circula de nuevo en el discurso ciudadano. Solo que esta vez, esa fórmula perversa resulta imposible de resolver. (2 igual a 2, es igual a 2).