Jueves 16 DE Julio DE 2020
Opinión

El día después

“Todo puede comprarse, es cierto. Desde los parlamentarios hasta los juicios, desde el poder hasta el éxito: todo tiene un precio”. Nuccio Ordine.

Fecha de publicación: 19-06-19
Por: Edgar Balsells

 

Cuando se observa con DETENIMIENTO la gráfica de la página 4 de Prensa Libre, el día después, con los porcentajes de voto de los 15 candidatos que vale la pena medir, uno sí que puede pensar en unas pocas palabras para definir la psicopatología del liderazgo guatemalteco actual: fragmentado, con grandes egos, y con una perspectiva de la apuesta a la suerte personal, la lotería, que raya en el absurdo.

Mientras tanto, la gente, el común de los mortales, en su día a día de lucha por el bienestar material, toma decisiones que reflejan, al final, pequeños saltos en rechazo de su captura; que es algo así como un temor al “síndrome de Estocolmo”, aquel que nos dice que uno sí que le comienza mejor a tomar afecto a sus captores.

La imagen vale más de mil palabras: tenemos cuatro líderes que más o menos se las baten, con porcentajes mínimamente significativos, dentro de un cerrado grupo de votantes perseguidos por los escépticos del voto nulo o bien del “ni siquiera vale la pena asistir a las urnas”. ¡Pero es que la democracia electoral, aquí y en Timbuktu no está teniendo precisamente sus mejores días!

Y la decisión del respetable apuntó posiblemente a dos cosas: primero descartar los esfuerzos de reelección o dominio del partido oficial, siendo esta, sin lugar a dudas, la elección del relativamente corto período democrático dentro de la historia patria, en donde el partido oficial logra los más mediocres resultados, casi a punto de la desaparición. Y segundo, desechar a los típicos representantes de la más tradicional oligarquía: léase Roberto Arzú, Isaac Farchi, Pablo Duarte y quizás en parte a Julio Héctor Estrada, que si bien juntos, como suelen actuar ante los sustos del enemigo interno, podrían convencer a su electorado duro a inclinar la balanza por Giammattei, ante el sorprendente embate de Thelma Cabrera, quien sin lugar a dudas es el resultado que incita a los más sesudos estudios sociológicos de la Guatemala profunda.

Y qué decir de ¿Winaq, Semilla, URNG, Convergencia (que ni aparece en el mapa) y el perdedor de perdedores: ¿Encuentro por Guatemala? Cada quien tiene su grupo núcleo, y si los ponemos a manifestar en la plaza estarán encerrados en sus pequeños circulitos de amigos, en base a generaciones, estatus personal, grado de urbanismo y urbanidad y otros vicios y roles propios de los ambientes aldeanos, de los pequeños países surrealistas, en donde la democracia viene impuesta, de afuera, luego de los cruentos excesos de las guerras sucias, donde el imperio osa cambiar, en base a derroteros geoestratégicos, al Comando Sur por el Peace Corps y viceversa.

Mientras tanto, los mismos desafíos siguen. El día después, en el Diario Oficial, la Coordinadora Residente de las Naciones Unidas en Guatemala, doña Rebeca Arias, nos recuerda por enésima vez que la democracia es un factor esencial para los Objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS–, que sencillamente permiten medir que Guatemala dobla en pobreza a Ecuador o Bolivia, y eso sí que sería suficiente para dejarse de cuentos y de pura poesía pública.

Seguramente ambos candidatos finalistas se comprometerán con la agenda ODS mundial, y los expertísimos de la CEPAL de México nos traerán el etnocéntrico plan de don Trump y don AMLO para el mayor dolor de cabeza de ellos: el Triángulo Norte centroamericano. Seguramente también, como en aquel foro evangélico, los letreritos dirán: “sí me comprometo”.

Y mientras tanto los nuevos diputados arreglarán sus tacuches y se creerán amos y señores de la novena avenida. Ojalá, el pueblo como su mayor vigilante les haga recordar que somos una aguja en el pajar de la globalización; y mientras la gente muere de inanición en el corredor seco, sus egos los mantiene absortos para adentrarse en el fragor de la plebe y la necesidad de acuerdos y alianzas de largo aliento.