Jueves 23 DE Enero DE 2020
Opinión

la cantina Guatemala de nuevo tropieza con la misma piedra

La vida nos enseña tanto que cuando no aprendes la lección te la repite.

Fecha de publicación: 17-06-19
Por: Sharon Estrada

 

Al iniciar esta columna no me puedo divorciar del contexto en el que vivimos; un clima electoral que lejos de ser una fiesta cívica, la misma es una condena caracterizada por candidatos que ofrecen poco o nada por cambiar la situación del país. Este es un país al borde del abismo gracias a la necedad de unos cuantos de querer permanecer en el poder y hacer nada por cambiar la situación de las grandes mayorías.

No podemos escapar de nuestra realidad. Nuestras mayorías hoy mueren de hambre o con suerte logran sobrevivir; pero lejos están de alcanzar un mínimo nivel de vida digna. Pensar en un cambio les es imposible, ya que la era democrática ha sepultado sus esperanzas, sumiéndolos en un círculo vicioso de miseria del cual escapar parece ser imposible. Más, cuando la historia demuestra que no ha existido ni existe la voluntad política para cambiar su situación. A pesar de este clima inhóspito de candidatos en el que casi ninguno vale la pena han surgido unos pocos que, teniendo una vida intachable en distintas áreas profesionales, se han armado de valor y decidido participar en un proceso del que es difícil salir ilesos. Ha sido gracias a esta valiente minoría, que ha roto paradigmas y nos brinda una dosis de anhelada y necesaria esperanza, que muchos guatemaltecos decentes nos rehusamos a ceder a las históricas mafias
narco-político-económicas que han secuestrado nuestro país. 

Yo con tranquilidad y solvencia tomé una decisión consciente y apegada a mis principios y convicciones, y con toda certeza puedo afirmar que en estas elecciones tuvimos opciones que valen la pena. Lastimosamente estas no tuvieron nunca la más mínima posibilidad, pero no por ello debimos los guatemaltecos dejar de votar a conciencia en vez de conveniencia. Estos no son los grandes partidos tradicionales que ya tuvieron su oportunidad y que han demostrado que lejos están de tener algún interés real en sacar a Guatemala del subdesarrollo. A estos dinosaurios, solamente les ha interesado saquear al Estado y llenar de dinero sus bolsillos y el de sus financistas. Siempre he llegado a las urnas con el sentimiento de la inutilidad de mi voto, siempre nos han empujado a darle el voto al partido que nos parezca menos peor de los dos o tres que tengan posibilidad de ganar. Esta vez fue distinto, todo lo que tenía era un voto y lo inútil hubiese sido dárselo a un partido que de antemano sé que no haría nada por el país. Hoy voté con conciencia por personas dignas y no por ganadores inmerecidos. Recientemente publicaron información desoladora donde confirman que somos el país No. 1 en desnutrición crónica infantil de América Latina y el Caribe según la FAO. Este dato hace tanto sentido cuando a su vez se publica un estudio en el que nuestro Presidente saliente solo es mejor evaluado que el dictador venezolano Nicolás Maduro. Este país ha sido a perpetuidad manejado por mafias poderosas que harán lo imposible para que nuestro sistema de miseria no cambie, pero yo estoy segura que dado lo acontecido a partir del 2015 esta condición será pasajera. Si nos acostumbramos a votar a conciencia y no a conveniencia de los punteros, pronto llegarán visionarios decentes, preparados y solventes al poder y podremos empezar a transformar este país.

Detrás de nosotros viene una nueva generación y esta debe contar con un ejemplo de lucha y de expresión de nuestras ideas. Esta generación debe de tener claro que hay que tomar una postura en contra de las mafias que tienen secuestrado al país, mismas que no han permitido que el desarrollo llegue a nuestra patria. Guatemala ya no aguanta mucho más y tenemos que formar conciencia en una nueva generación capaz de aprender del pasado, para luchar por su presente sin comprometer su futuro. El resultado del fin de semana no trae consigo la esperanza de un cambio, lo que nos compromete a seguir luchando a conciencia y no a conveniencia por un mejor país.