Domingo 8 DE Diciembre DE 2019
Opinión

El día después

La justicia alcanza las elecciones..

Fecha de publicación: 17-06-19
Por: Édgar Gutiérrez

 

Cuando escribo esta nota la ciudadanía empieza a desplazarse hacia los centros de votación. Cuando se publique ya sabremos los resultados de estas extrañas elecciones. Mientras tecleo estoy volteando a la TV atento a lo que está ocurriendo; a la vez, el celular parpadea con inusual intensidad. La víspera fue dolorosa. Falleció la mamá del candidato presidencial de Encuentro por Guatemala, Manfredo Marroquín, mi amigo. 

Este proceso electoral transcurrió en un tira y afloja entre un sistema de justicia que durante el último año fue diezmado por el “pacto de corruptos”, y un sistema de partidos fragmentado, en gran parte infectado por la corrupción y las mafias, y al borde del colapso. A pesar de los rudos ataques recibidos, la justicia guarda municiones. En las últimas semanas alcanzó las elecciones, dejando fuera a cinco de los 24 candidatos; dos aparecían en las encuestas de intención de voto sumando en teoría el 25 por ciento. 

El viernes 14, cuarenta y ocho horas antes de que se instalaran las juntas receptoras de votos, el MP y la CICIG ejecutaron allanamientos relacionados con corrupción y financiamiento ilícito de funcionarios y exfuncionarios de la Municipalidad de Guatemala; solicitaron abatir la inmunidad del alcalde Ricardo Quiñónez –quien aspira a la reelección y ha encabezado las encuestas– y del ministro de Finanzas Públicas de Jimmy Morales.

La imprevisibilidad de un sistema de justicia independiente inevitablemente despierta incertidumbre en el electorado. Y la sopa de letras improvisada –que son la inmensa mayoría de partidos en contienda– genera confusión. Estas elecciones han sido como la bicicleta que pincha llanta en plena carrera y, por lo breve del circuito, no puede ser reemplazada sobre la marcha. Algunos partidos llegaron a la meta ayer con el aro retorcido. La depuración del sistema político a través de la vía judicial no va a detenerse, al menos, hasta la primera semana de septiembre, cuando la CICIG finalmente sea desmantelada. Después vendrán otros pulsos. 

El statu quo no podrá regresar al cuadro del 2014. Nuevas elites políticas, económicas y sociales –no sin enormes dificultades e inclementes enfrentamientos internos– retomarán sin embargo la agenda anticorrupción, pero sin la intensidad ni indiscriminación que vimos en los últimos cuatro años. Tendrán respaldo internacional, aunque quizá ya no en el foro de la ONU.

Sufrimos un sistema político que niega su rendición ante la justicia, pues no sobreviviría bajo el Estado de derecho; además, ahora está aupado como nunca por redes criminales fortalecidas, que pusieron a su disposición en esta campaña muchísimo cash (A eso hay que sumar que los candidatos del “pacto de corruptos” emplearon, rudimentariamente, dinero público para reavivar el tradicional clientelismo). La mafias tienen capacidad de intimidar por doquier, generando conflictos a nivel local. Los capos saben que su alianza con el “pacto de corruptos” es estratégica para consolidar el paraíso criminal que Jimmy Morales les abrió de par en par. Pueden, además, extender sus negocios ilícitos y blanquear utilidades a través de millonarias contrataciones de obras públicas con sus patrocinados que ayer resultaron electos.

Las elecciones no son salida sino extensión de la crisis. Quizá la única certidumbre que podríamos ganar es que, ya cerrado el capítulo de Jimmy Morales y quizá de la CICIG, las cartas se pongan sobre la mesa y los actores se sinceren: quienes van por la corrupción y la impunidad, y quiénes no. Si, en cambio, se sigue empleando el discurso anacrónico de la guerra fría para continuar atrapados en el pasado, seguiremos fregados.