Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

Aunque no haya condiciones…

Aunque el horizonte parezca oscuro, la esperanza se resiste a morir.

Fecha de publicación: 15-06-19
Por: Anamaría Cofiño Kepfer / la Cuerda

 

La historia ha estado marcada por batallas entre formas de entender el mundo que pendulan entre las que promueven la concentración de un poder para dominar (como el Estado) y, en las antípodas, el pensamiento comunitario basado en la confianza y la solidaridad humanas. Por supuesto, entre unas y otras, hay una inmensa serie de tonalidades que es necesario reconocer para no derrapar hacia generalidades absurdas.

Pese a que la democracia aquí sea un sistema endeble, utilizado para favorecer a los grupos minoritarios; y aunque mucha gente valiosa que hoy podría gobernar, fue vilmente asesinada, persiste todavía la voluntad de construir una Guatemala donde todas las personas puedan disfrutar las bondades de esta tierra pródiga. Muchas somos las soñadoras que pensamos que Guatemala podría ser un país más hermoso, si se organizara de otra manera.

A sabiendas de las grietas del sistema electoral, de la podredumbre que ha copado a las instituciones y de las debilidades y carencias de los partidos y sus integrantes, tenemos en estas elecciones fenómenos que, nos gusten o no, van a dejar su huella en la historia: De un lado la monumental corrupción entronizada en las altas esferas, promoviendo candidaturas narcofinanciadas, personajes nefastos con pasados criminales, así como a herederos del antiguo régimen sin capacidad de gobernar.

Del otro lado, y en un espectro cada vez más amplio, agrupaciones nuevas que hablan de llevar a cabo transformaciones estructurales, erradicar la impunidad, luchar por la justicia social, defender los territorios. La vieja historia de rencillas y sectarismos, los purismos, la inmadurez, el machismo y las diferencias ideológicas han impedido que una amplia alianza incorpore a sectores sociales inconformes y en desacuerdo con el sistema depredador.

Las mujeres, como activas agentes políticas, se han incorporado, aunque no en igualdad de condiciones, pero sí con más presencia. Ese es un rasgo innegable del panorama político actual. Aunque es preciso hacer notar que no todas luchan por los derechos de las mujeres, y muchas son aparatos funcionales al sistema, como buenas hijas del patriarcado.

Las condiciones en estas elecciones no son las que queremos, eso está claro. Por ello hay quienes se abstienen o votan nulo, para manifestar su rechazo y evitar contribuir a la continuidad del sistema. Otras votan con sentido pragmático, evaluando probabilidades, para apoyar a quien más chance tenga. Gran cantidad de gente se deja llevar por lo que oye o lo que le dan.

Con mis dudas y críticas a cuestas, por primera vez en mi larga vida, voy a votar por mujeres a quienes conozco, respeto y admiro. No importa que no ganen ni sean grandes estadistas, mi voto es por quienes están proponiendo transformaciones que traigan bienestar a la población. Aunque sea simbólicamente, quiero creer que una cultura de emancipación puede florecer. Con estos deseos, voy a marcar el volcancito y las semillas. Eso dice mi corazón.