Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

El pulso final

El sistema cree que es un tornillo sin fin.

Fecha de publicación: 13-06-19
Por: Edgar Gutiérrez

 

Todo parece estar listo para las elecciones del domingo. La logística del TSE en su punto, bajo el control de un experto en la materia, el actual presidente del Tribunal, Julio Solórzano. Inquietos o confiados, los candidatos se han sentado a la espera del día D, tras 87 días  efectivos de intensa campaña.

Entre los tres que encabezan las encuestas de intención de voto, se da por sentado que Sandra Torres pasa sobradamente al balotaje del 11 de agosto. Pero no es seguro con quién competirá. En la encuesta de Cid Gallup que circuló ayer, la ventaja de Alejandro Giammattei sobre Roberto Arzú es de apenas 2.4 puntos, que cabe dentro del margen de error de la medición.

Quiere decir que probablemente tendremos un cierre muy disputado, como en 2015, cuando la diferencia entre Sandra Torres y Manuel Baldizón fue de apenas 5 mil 958 votos, equivalentes al 0.12 por ciento de los votos válidos. Esas pequeñísimas diferencias, muchas veces, se dirimen en las propias mesas electorales entre los fiscales de los partidos. Se trata de ganar, belicosamente, la interpretación del voto en cada boleta dudosa. (Localmente, esas disputas son fuente de conflictividad en la mayoría de municipios).

Hace cuatro años la UNE tuvo fiscales muy bien capacitados (ahora con más colmillo) en todas las mesas. En contraste, muchos delegados del partido Lider estaban desmoralizados, pues su candidato presidencial se encontraba, justamente en esos días, en franca retirada por líos judiciales que decantaron, tres años más tarde, en su detención en Estados Unidos.

Giammattei tiene una buena estructura territorial, reforzada con antiguas redes paramilitares, y cuenta con el respaldo de grupos empresariales a quienes les interesa los negocios más jugosos de la administración central del gobierno. Para nada Arzú se queda atrás. Es cierto que el PAN es solo un símbolo, conocido desde hace 30 años, sin organización robusta desde hace más de dos décadas. En cambio, su aliado, el partido Podemos es la suma de viejos lobos de mar: caciques sobre los que se erigió el PP de Otto Pérez, que, a la vez, incorporó a otros “jefes” regionales del FRG de Ríos Montt; además hay que contar a las huestes de Alejandro Sinibaldi.

O sea, detrás de Roberto Arzú están notorios exfuncionarios que guardan prisión preventiva en Mariscal Zavala (y también de algunos que gozan de medidas sustitutivas). Adicionalmente, cuenta con el visible respaldo de Ángel González que le “regala” (como en su tiempo al papá, Álvaro Arzú Irigoyen, los 365 días del año, durante los cuatro años de su mandato edil) no menos de nueve minutos diarios en los cuatro canales de TV abierta que tiene en concesión.

Es la manera como González –también señalado indirectamente por la justicia en el caso Cooptación de Estado, en 2016–, fiel a su tradicional estilo clientelar y extraviándose deliberadamente del sendero de la ley, se aferra hasta romperse las uñas para mantener sus privilegios y el derecho de picaporte en los órganos del poder del Estado. Hay que agregar que González, a pesar de haber impugnado los criterios de pago de publicidad del TSE, abre las oligopólicas frecuencias radioeléctricas de las cuales goza, a ciertos candidatos. A través de esos medios, según las encuestas, dos tercios de los ciudadanos conocen a los candidatos.

Es obvio que el grado de identificación de los candidatos es factor clave en esta breve campaña. Por eso Torres y Giammattei (después de cinco campañas consecutivas) están arriba y, considerando la confluencia de los elementos estratégicos descritos, Arzú está donde está. No debe quedar fuera el hecho de que porta un apellido conocido desde hace tres décadas. En conclusión: el sistema político establecido, bajo acoso en su momento y reformadas sus reglas del juego, sigue operando con puntualidad para reproducirse, convencido que el tornillo no tiene fin.