Lunes 21 DE Octubre DE 2019
Opinión

Un estado laico

Promover la norma reguladora del pluralismo.

Fecha de publicación: 12-06-19
Por: Anabella Giracca

 

Es sabido por todos, que acá han pasado cosas insólitas. Como cuando un diputado trasnochado propuso que, por decreto, se leyera la Biblia en todas las escuelas y colegios del país. O cuando propusieron establecer el día de la oración (obligatorio rezar). Ahora vemos campañas y hasta foros auspiciados por la religión. Sin duda un proceso electoral siempre es un buen pretexto para reflexionar sobre el Estado que tenemos (si es que lo tenemos) y el que queremos construir (si es que lo queremos).

Por medio de la educación debe fomentarse la unión en un plano de democracia y de igualdad. La escuela está obligada, como mínimo, a garantizar el compromiso con un lugar común. A ser promotora de espacios de emancipación de pensamiento y combate a todo aquello producto de estereotipos. Y los políticos deben reflejar esto en sus propuestas.

El pensamiento de Ferrer i Guardia parece acertado cuando afirma que la manera de atender la laicidad no solo está vinculada a la separación de la Iglesia y el Estado, sino a la ambición y capacidad liberadora y emancipadora de cualquier dogma, tutela o autoridad irracionalmente impuesta. Se refiriere a la virtud de la tolerancia activa, la que ve en el otro, más que a un individuo, más que a un ciudadano, a una persona con autonomía de conciencia inalienable. Eso, justamente eso, solamente puede expresarse en un Estado laico.

Porque nuestra riqueza está en ciudadanos con diferentes opciones de conciencia. La política debe promover la norma reguladora del pluralismo; de opciones, de visiones, de culturas, de creencias que puedan convivir en una misma zona pública. O sea no romper con el clima de la tolerancia activa.

Porque la laicidad es la arquitectura de la República. Representa profundización democrática y alianza de causas justas por encima de todas las diferencias de hombres y mujeres libres. Las iglesias no deben apropiarse de la ética, porque esta se encuentra en una ciudadanía responsable. No olvidemos que en el hogar (sea cual fuere) aprendemos a ser “buenos o malos”, en la escuela, aprendemos a ser libres y ciudadanos.

Aun fueran muchos los que encuentran en la Biblia su ley, la democracia no se mide por el poder de las mayorías, sino por el respeto a las minorías. Sin duda, todas las religiones tienen la verdad, pero en sus templos. Y la escuela enseña a pensar y no a creer. Aboguemos por la igualdad respetuosa de la diferencia y no por la discriminación. Por el respeto a la libertad de conciencia. Por la autonomía política. Por una ciudadanía eficaz, capaz y feliz. Aboguemos por un Estado laico.

Que su voto sea producto de la razón justa y acuciosa. De la posibilidad por levantar escombros y empezar por algo.