Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

El mísero cupón y el asalto al dinero público

“Hasta que no tomen conciencia no se rebelarán, y sin rebelarse no podrán tomar conciencia”, George Orwell, 1984.

Fecha de publicación: 12-06-19
Por: Edgar Balsells

 

George Orwell, cuyo nombre real era Eric Arthur Blair, fue novelista, ensayista brillante y maestro de periodistas. Su breve vida, dicen sus biógrafos, resume los sueños y pesadillas del mundo occidental. Nació en 1903 y murió en Londres en 1950. Interesado en el derrotero de la clase obrera inglesa y en su explotación, y además combatió al odiado fascismo en la turbulenta guerra civil española, a la que dedicó un libro: Homenaje a Cataluña (1938).

Además llegó a anticipar los nuevos designios de la dominación burocrática e hiperpolítica en su famoso libro “1984”, en donde predestina a la vez los surrealismos de sociedades como la guatemalteca actual, en donde peligrosamente se observan los maltratos de los superministerios como el que controla la fuerza pública, la aparición de milicias por doquier, con orejas y demás, y la presencia del Ministerio de la Verdad, el Miniver, como le llamó, con fafas abundantes a pseudocolumnistas y opinadores de la más baja calaña. No cabe duda que estamos viviendo, de una manera burda, mediocre y tropical los designios orwellianos, con la presencia del Big Brother, merodeando por nuestras fronteras buscando niños migrantes, y amenazando con armamento pesado en las fincas privadas de Arizona, mientras que por aquí las aeronaves más sofisticadas aterrizan por el Chocón Machacas y la Laguna del Tigre como Juan por su Casa, con el preciado cargamento de polvo blanco que no es harina.

Aquí los opinadores de postín y de fafa de quinto patio se encuentran más preocupados por un tal señor Guaidó y la crisis venezolana, que por nuestros niños migrantes y las famélicas 350 mil almas que sobreviven en el corredor seco, esperando como Godot un mísero cupón de Q200.

Mientras tanto, el hiperpoderoso Ministerio de la Defensa, con sus generales de cinco estrellas, bien pagados y protegidos por el Instituto de Previsión Militar, por el resto de sus poco fructíferas vidas, se prepara y azuza hordas de la soldadesca veterana, –17 mil se dice que son– para que el Ministerio de Finanzas Públicas les pague la bicoca de Q1,000 millones, como compensación previsional por el servicio a la patria. De seguro muchos gastos de más impacto se verán encogidos ante tan asimétrica decisión. Se trata de Q1,000 millones que no estaban previstos ni aprobados en el presupuesto para el 2019 y que de seguro, se empujan tan irresponsablemente, que las nuevas autoridades electas ya entrarán con parte de un compromiso que es incluso más grande que el aporte que le otorga el Estado al IGSS, que cubre a más de 3 millones de personas, incluyendo esposas e hijos de afiliados.

Y por si esto fuera poco, el MAGA reestructuró sus partidas para una dádiva más de cerca de Q50 millones para la estructura paralela de milicianos que han venido recibiendo fondos desde el inicio de los programas poco monitoreados, bautizados en la época de Ríos Montt como “Bosques para la concordia”, lo que también me recuerda los tres eslóganes del Partido de la literatura orwelliana: “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, réplica exacta del orden que se viene gestando intentando además impulsar el apoyo al partido oficial y sus aliados, léase la actual clase política decadente.

Queda como prueba de mala calidad de gasto, lo revelado por Prensa Libre del sábado pasado que apunta hacia el programa de “Bosques para la concordia”, gastado desde los tiempos de Berger la suma de Q1,956 millones, mientras que el ansiado objetivo 1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS– habla de la protección social para todos los guatemaltecos al filo del año 2030. Así, aquí los pobres no cuentan. Mientras las cosas sigan así doña Patricia de Arzú podrá seguir contenta con sus estipendios públicos mensuales, como también los generales de cinco estrellas y todo su séquito de milicias y “veteranos de guerra”, dicen, que se pasan el tiempo pensando en cómo secuestrar las finanzas del Estado y parquear la democracia.