Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Será la peor o el menos peor una vez más…

El único voto de castigo es aquel que hacemos por convicción y no por conveniencia.

Fecha de publicación: 11-06-19
Por: Estuardo Porras Zadik

 

Una vez más los guatemaltecos acudiremos a las urnas a definir el rumbo de Guatemala para los próximos cuatro años, intentando llevar al poder al menos peor. El menos peor pasará a la segunda vuelta con quien hoy una mayoría de la población pensante –que de por sí pareciera ser una minoría–, considera sería la peor opción para gobernar Guatemala. Intentos fallidos de esta por llegar a la Presidencia de la República no han sido en vano, y su poder se manifiesta en el hecho que tras serias acusaciones de corrupción y la solicitud de retiro del derecho de antejuicio, su cara aparecerá el 16 de junio junto a los demás aspirantes. Este hecho nos obliga a los guatemaltecos a, una vez más, sacrificar nuestras convicciones, principios, anhelos y esperanza de que una persona digna, preparada y solvente sea electa, llevándonos otra vez a un voto matemático por frenar la llegada del temido puntero.

El “cartón de lotería” –porque me rehúso a llamarle papeleta de votación–, es una oferta amplia de incapacidad, dudosas reputaciones, poca preparación, doble moral y, en su gran mayoría, mercaderes de política sin planes de gobierno viables y equipos de trabajo que los puedan ejecutar. De esta desconsoladora oferta hay quienes se salvan, pero el sistema los sepulta y los condena a la imposibilidad. Condena que sufrimos los guatemaltecos que hemos sido gobernados durante toda la era democrática por estos que se hacen llamar políticos, pero que lejos están de ser los líderes y los estadistas que pretenden ser y que el país necesita. No es casualidad que Guatemala se encuentre condenada al subdesarrollo, pues es el resultado de una historia que al parecer somos incapaces de cambiar.

Estamos por salir del peor gobierno de la historia de Guatemala y lo que nos espera podría ser aún peor. Según la empresa mexicana Consulta Mitofsky, en un reciente estudio que mide la aprobación de los mandatarios publicado en junio, el presidente Jimmy Morales se encuentra tan solo un peldaño por encima del dictador Nicolás Maduro de Venezuela. Morales nos regresa el país con una economía estancada, con una ciudadanía altamente polarizada y con una institucionalidad destruida. Este era el menos peor, según los votantes, hace cuatro años. Recordemos que aunque Morales asume el poder durante una coyuntura sin precedentes, la institucionalidad del país aún latía. Hoy en día quien asuma el poder, lo hará bajo condiciones en las que la independencia de poderes es nula y las instituciones del Estado, inoperantes. Estas son condiciones idóneas para el cultivo de dictadores populistas que se postergan en el poder a perpetuidad. ¿Será que estamos por elegir a uno de estos?

Las condiciones actuales nos dan la oportunidad de no ceder al juego del voto de castigo, de la elección del menos peor, o de la abstinencia. Ha sido esta dinámica la que nos ha condenando a un modelo político-electoral perverso y a sus protagonistas. Estos saben bien cómo funciona el sistema y lo saben capitalizar. Las cartas están echadas para que llegue al poder una de tres opciones nefastas para el país, otorgándonos la oportunidad, por primera vez en la historia, a ser fieles a nuestras creencias y a nuestros principios independientemente del resultado. Ya no podemos seguir apostando por los menos peores aunque nos tome mucho tiempo limpiar de estos el sistema. El peor y el menos peor resultan ser iguales. Si nos acostumbramos a alejarnos de la coyuntura y luchamos por nuestros ideales, eventualmente serán las mejores opciones las que llegarán a gobernarmos. Los próximos cuatro años, lamentablemente, serán gobernados por la peor o el menos peor una vez más. Solo esperemos que no sean peor que el de los últimos cuatro. La única esperanza de un verdadero cambio para un futuro diferente para las nuevas generaciones radica en nosotros, los votantes. Independientemente del resultado de estas próximas elecciones, el único voto de castigo es aquel que hacemos por convicción y no por conveniencia. Solo así el cambio, eventualmente, llegará.