Miércoles 30 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Soñando despierto

La convicción del pueblo de tener el poder en sus manos con el voto nulo, puede hacer realidad el sueño sin violar la ley.

Fecha de publicación: 04-06-19
Por: Amílcar Álvarez

Al diluirse el proceso democrático retrocediendo en la escala del desarrollo por ausencia de reformas estructurales, y en la puerta de la desintegración social con la flor del pensamiento callada, la mayoría vive sugestionada de que la realidad no cambiará, sobreviviendo un desastre anunciado. Resultando determinante la falta de aptitud de la dirigencia que debería ser óptima en una sociedad desigual, urgida de consensos para coexistir sin que las diferencias con el gobierno sean o no ideológicas, afecten la gobernabilidad. La actual crisis fiscal, económica, política y social, necesita un proyecto alternativo que la resuelva y como no existe, lo ideal es diseñarlo empezando por un debate sensato que permita coincidir en metas de interés nacional sin sometimiento, requiriendo para alcanzarlo, un grado mínimo de reflexión y responsabilidad. Sueño imposible en un país donde la democracia solo se siente cuando se vota y en lugar de consolidarse, se deteriora casi de manera irreversible, torciéndole el brazo un ejército de partidos y candidatos repitiendo conceptos viejos como loros feroces. La responsabilidad es compartida por la falta de educación política y no entender que se basa en el ejercicio de la ley, sin excluir el uso de la fuerza pública como coacción legítima preservando el orden social y no pervirtiéndola, para satisfacer intereses espurios destruyéndola como sistema de convivencia civilizado.

Los gobernantes legitimados por el voto popular no saben qué hacer con el poder político que emana del pueblo y lo delega, sin ejercerlo cuando deben hacerlo subordinados al poder paralelo, cobrando validez la expresión de que no hay política sin políticos, perdiendo la oportunidad de avanzar superando las desigualdades ancestrales en un país donde todos cambian y nadie cambia. La guinda del pastel es el Legislativo, y si por casualidad todavía queda un diputado que no ha sido insultado por su conducta irregular, pídanle disculpas. Para terminarla de joder, no hay balance de poder, la izquierda y la derecha entretenidas en un populismo sin sentido se dedican en cuerpo y alma a venderse al mejor postor o pastor, dando la impresión de que no existe salida posible, sin imaginar que la democracia tiene la solución. Veamos. ¿Qué pasa si en las próximas elecciones gana el voto nulo? Como la ley lo establece, se repiten. ¿Qué pasa si en la segunda vuelta no se eligen diputados al Congreso de la República? Al terminar su periodo ordinario el Organismo Legislativo se disuelve. El presidente y vicepresidente de la República terminan su periodo y no pueden continuar desempeñando sus cargos. Los candidatos electos no asumen la Presidencia ni Vicepresidencia, –nadie puede darles posesión– creándose un vacío de poder sin tener la Corte de Constitucionalidad facultad legal para nombrar un presidente provisional.

En dos platos es un golpe de Estado democrático del pueblo, por y para el pueblo en las urnas, sin violencia, por la corrupción y el abuso reiterado de los políticos matreros que rebasó el límite de tolerancia social. Una crisis institucional creada por la voluntad popular disolviendo el Organismo Legislativo, asumiendo el Ejército provisionalmente el poder presidido por un civil, convocando en su oportunidad una Asamblea Nacional Constituyente restableciendo el orden constitucional, no sin antes rasurar parejo, quitando la tranca al progreso y paz social. La tarea empieza con el análisis crítico del pasado y presente enfocado en el futuro, estableciendo normas que depuren el sistema que los políticos jamás harán, por no convenir a sus intereses. La convicción del pueblo de tener el poder en sus manos con el voto nulo, puede hacer realidad el sueño sin violar la ley, defenestrando a los dirigentes ineptos y corruptos para siempre, recuperando la dignidad del Estado y modernizarlo, sin sacrificar la razón ni los principios. Vox populi vox Dei.