Domingo 9 DE Agosto DE 2020
Opinión

Jimmy Morales: Después de mi el infierno

De nacionalista a infame vendepatrias.

Fecha de publicación: 03-06-19
Por: Édgar Gutiérrez

 

“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Jimmy Morales el nacionalista a ultranza y afamado defensor de la soberanía nacional, es, detrás del maquillaje, infame vendepatrias. Servil y rastrero ofreció el territorio nacional a tropas extranjeras; dizque que blindarán la franja fronteriza ante la “amenaza” de migrantes y, quién sabe, de narcos y tratantes de personas. A seis meses de que finalmente abandone la Casa Presidencial, apuesta a entregar el territorio en paga al lobby del congresista Vicente González, que ahora ofrece esta “solución” a Trump.

Un tapón militar fronterizo es inflamable y hará de Guatemala un infierno. La migración no se detendrá ni el tráfico de drogas se va a interrumpir. Ambos fenómenos –de naturaleza distinta– resultan funcionales al sistema estadounidense. Los migrantes contribuyen al desarrollo y representan un factor clave para la competitividad de la economía de EE. UU. El tráfico de drogas ilícitas sería marginal sin la demanda del mercado más grande de consumo donde, además, se blanquea el 60 por ciento de las utilidades de un negocio criminal que fácilmente supera los 365 mil millones de dólares al año.

Entonces, ¿de qué se trata esta locura de Trump y la idiotez de Morales? La promesa populista de Trump de recuperar el brillo de quienes él representa, con agresión irracional y viejas medidas proteccionistas, es en realidad un alto en el camino de la globalización. Las asimetrías acumuladas en el mundo durante el último medio siglo hacen insostenible la vertiginosa prosperidad de la primera potencia. Es una historia conocida: los imperios caen por la invasión de los bárbaros, y la causa es la distracción de sus elites hedonistas y codiciosas. Síntomas de la decadencia.

La razón de Jimmy Morales es nimia, fútil y egoísta. No tiene razón histórica. Se resume a salvar su propio pellejo después de que hizo del territorio nacional –como nadie– un jardín de recreo para las mafias, e implícitamente al convidarlas a tomar el control del sistema político local y legislativo en las elecciones del 16 de junio. Su gestión es el retrato del desastre total. Se concentró en procurar su propia impunidad y sirvió de mampara del sistema. No fue otro su alegato de soberanía frente a la justicia y la CICIG, sacrificando el multilateralismo de la ONU que, si se quiere, es, desde hace 70 años, el segundo peor sistema de relaciones internacionales, después de 500 años de colonialismos.

Morales canjeó el único espacio global en el que Guatemala puede ejercer soberanía compartida, a cambio de que Netanyahu lo defendiera y la gente de Trump le diera una displicente palmadita. Su incompetencia en la conducción del Estado aumentó el sufrimiento de los guatemaltecos. Nunca la migración adquirió tanto impulso.

La crueldad de Jimmy Morales es que luego de avivar a las mafias –lo cual tampoco es desinteresado– y mostrar insensibilidad ante el pueblo –su gestión no es más que un reality show mediocre, pero de consecuencias sociales nefastas–, ahora pretende incendiar la pradera para salvarse. No lo va a lograr, pues requiere 105 votos del Congreso, pero, entre tanto, nos devuelve el sonrojo de república bananera, el bochorno de la finca Helvetia que provocó 60 años atrás la rebelión de oficiales jóvenes del Ejército. Maneja con el retrovisor del tratado McLane-Ocampo de 1859 (bloqueado por el Senado estadounidense). No es Luis XV, pero Morales dice algo parecido: “Después de mi el infierno”. O, más exactamente, como el Chapulín Colorado: “Sálvese quien pueda”. Estoy listo para escuchar a los nacionalistas que lo han aupado.