Sábado 7 DE Diciembre DE 2019
Opinión

La privatización de la Usac

Es obligación ciudadana detener este proceso de privatización de la Usac. Las futuras generaciones tienen derecho a una educación que los ubique a la altura de los desafíos de su época.

Fecha de publicación: 25-05-19
Por: Jorge Mario Rodríguez

 

La ciudadanía que se niega a vivir de espaldas a la realidad sabe que este país enfrenta una apremiante crisis multidimensional a la que se debe responder de manera seria, antes que degenere en un desastre de incalculables consecuencias. No se trata tan solo del indignante escenario de las elecciones manipuladas, sino también a la indiferencia frente a la amenaza ambiental y la injusticia social.

Evitar el referido desastre precisa rescatar el Estado para encontrar e implementar alternativas para un sistema capitalista que genera dividendos a costa de la destrucción del bien común. Precisamente, la universidad estatal es el lugar de reflexión en el que la sociedad identifica los caminos para salir de la crisis.

Lamentablemente, la administración universitaria del rector Murphy Paiz está poniendo en peligro las capacidades reflexivas de la sociedad guatemalteca. Su insistencia en privatizar la universidad amenaza el futuro de nuestra sociedad. De poco sirve que el CSU afirme que dicha privatización no puede darse en virtud de las regulaciones constitucionales que rigen a la Usac. Una burda prestidigitación jurídica no puede eclipsar una realidad política.

Así las cosas, es irresponsable querer reducir la Usac a un escaparate de lugares comunes de la ideología empresarial. Los argumentos acerca de la innovación tecnológica, la calidad universitaria o los famosos ranquins resultan vacíos cuando se olvida que la salida a la crisis aludida arriba demanda tomar distancia de la ideología del lucro. Es necesario cuestionar la mercantilización de la vida, así como adoptar una actitud inteligente frente a la tecnología.

En este sentido, debe comprenderse que la actual privatización de la universidad forma parte de una tendencia global al desmantelamiento de los bienes públicos. Estamos frente a una de las formas ilegítimas a través de las cuales se extraen ganancias privadas a partir de la desarticulación de lo público —como sucede con el agua y la tierra.

Uno de los rasgos más preocupantes de este empeño rectoral es sustituir la tradición de defensa de vinculación social de la Usac con la superficial idea del emprendedurismo. Esta ideología individualiza el sentido de la acción social, haciendo que los ciudadanos precarizados atribuyan sus fracasos a la falta de competencias, liderazgo o imaginación innovadora.

Conviene insistir en que la única universidad nacional no es una empresa que vende formación privada para emprendedores. En algunos lugares esta ideología ya ha creado terribles problemas para las actuales generaciones universitarias, a las que se les exige cada vez más pagar la educación, porque esta se conceptualiza como una inversión y no un bien público al que se tiene un legítimo derecho.

Si la Usac se convierte en cuna de emprendedores, con bastante probabilidad se impondrá la idea que los estudiantes deben cubrir los costos de su preparación para el mercado. Con este proceso ideológico en marcha, no está muy lejano el día en que los estudiantes carguen con matrículas cada vez más altas. Estos se verán obligados a endeudarse con el generoso sector financiero guatemalteco. Las consecuencias podrían ser trágicas si recordamos que en Estados Unidos la deuda estudiantil supera a la de tarjetas de crédito, como lo reportaba en 2017 el Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Es obligación ciudadana detener este proceso de privatización de la Usac. Las futuras generaciones tienen derecho a una educación que los ubique a la altura de los desafíos de su época.