Martes 18 DE Junio DE 2019
Opinión

La mítica existencia de la “familia tradicional”

Vergüenza a los candidatos que se prestaron a la manipulación conservadora.

Fecha de publicación: 24-05-19
Por: Carol Zardetto

Una entidad ultraconservadora acorraló a los presidenciables para que suscribieran un documento de compromiso: proteger a la “familia tradicional”. La aparente inocencia de la propuesta, trae más cola que un barrilete de Sumpango. Todos los aspirantes a convertirse en el futuro Bolsonaro guatemalteco, corrieron a jurar su completa convicción alrededor de estos “valores tradicionales” (como los llamó el diputado Arzú), llegando a emitir juicios profundamente demagógicos como el de Sandra Torres que, cual devota cristiana recién estrenada, llamó a rezar por las almas de los que defienden el aborto.

Para empezar, aun cuando Guatemala se luce en la ausencia de pensamiento crítico y que las Iglesias evangélicas han hecho bien su labor oscurantista, en este país son muy pocas las “familias tradicionales”. Para empezar, se trata de un país de madres solteras. Mujeres que son abandonadas por sus parejas, ultramachistas, en cuanto resultan embarazadas. Estas valientes mujeres sacan adelante a sus hijos, solas, sin apoyo de ningún presidenciable y quizá sea una de las razones más básicas de la pobreza intrínseca del país.

A continuación está un número impresionante de familias disfuncionales. En estas, abunda la violencia intrafamiliar, el abuso sexual a los menores y adolescentes, el alcoholismo y muchas otras distorsiones. Las niñas violadas por sus parientes quedan embarazadas y se les obliga a parir, a costa de su propia salud y bienestar sobre la base de los “valores tradicionales”. Lejos de constituir un hogar para los niños y adolescentes, estas familias tradicionales expulsan a sus hijos fuera a los célebres “hogares seguros” que se convierten en pesadilla y posible muerte.

También está el creciente número de familias de migrantes. Generalmente los padres emprenden el camino del autoexilio por diversas razones. Dejan a sus hijos en manos de tíos o abuelos. Esta inmensa mayoría de guatemaltecos que sostienen el país con sus remesas, no tienen el lujo de mantener una “familia tradicional”. Se ven obligados a fragmentar su hogar para poder sobrevivir en un medio atiborrado de “valores tradicionales” que ignora sus necesidades vitales.

Los supuestos “valores tradicionales” son resabios de un sistema de poder denominado patriarcado cuyo origen es prehistórico. Se fundamenta en la sumisión de la mujer y su fragmentación, pues solamente importa su función maternal y, por tanto, el control sobre su sexualidad para asegurar la pureza de la estirpe. En la medida que la mujer se convierte en independiente económicamente, resulta cada vez más difícil apuntalar semejante estructura represiva y neolítica. No hay más que sacar la nariz de este minúsculo país para darse cuenta que la “familia tradicional” se convierte a pasos agigantados en un olvidado fósil.