Martes 22 DE Octubre DE 2019
Opinión

Emboscada electoral

La democracia sufre terribles embestidas, poco a poco ha dejado de ser la instancia legitimadora por excelencia del poder.

Fecha de publicación: 24-05-19
Por: Renzo Lautaro Rosal

Estamos ante una evidente emboscada. Los electores debemos pasar entre una serie de desfiladeros insondables, donde lo único que tenemos claro son los peligros; pero no tenemos otro remedio más que pasar. La sandrofobia hace crecer las opciones de al menos tres “personajes”, Giammattei, Arzú o Mulet; tres personas que no son opciones para un país que ansía sobreponerse a los constantes baches. A la lista, incluyo otros inelegibles, como Duarte, Galdámez o Cabrera. Tampoco la candidata de la UNE es opción, pero es peligroso votar solo para sumarse al antivoto o por descarte, no importando las consecuencias de una decisión personal con implicaciones colectivas. Esa escena es una copia de lo sucedido en 2015, y veamos las lamentables consecuencias que nos ha traído esa peligrosa decisión.

La legitimidad es un reconocimiento, un sello de calidad que otorgan los ciudadanos para que quienes sean electos popularmente, ostenten autoridad pública para ejercer un cargo en el Estado. Pero, ¿qué pasa cuando esa concesión se da en un amplio marco de dudas sobre las calidades de quienes se postulan? ¿Qué pasa cuando el menú está repleto de impresentables, personas que representan marcados retrocesos? ¿Qué pasa cuando seguimos rumbo al desfiladero y las elecciones no sirven ni siquiera de amortiguador?

Otorgar legitimidad es un asunto serio, es como dar un cheque en blanco. ¿Quién con dos dedos de frente haría semejante cosa? Tal parece que a miles de guatemaltecos no les quedará más opción que hacer un acto de selección, en medio de profundas dudas sobre los electos y las implicaciones que conllevará ese salto al vacío.

Las elecciones son un acto para simular un supuesto consenso sobre quiénes serán los portadores de autoridad para el siguiente período. Es un acto para ungir a un grupo de desconocidos portadores de agendas particulares o sectoriales, para quienes los temas de país importan un comino.

No existen condiciones para establecer consenso sobre la ruta deseable de nación, menos aún sobre qué tipo de autoridades necesitamos para impulsar esos procesos de cambio. Lo que tenemos ante nuestras vistas son clanes, mafias, grupos de intereses y unos cuantos incautos, intentando seducir a una clientela (electores) que están distraídos, no les importa o están asqueados porque la política y su ejercicio no representa ningún avance para su vida.

En 2015 se le quitó el permiso a OPM y RB, y en ese marco, se desencadenó una crisis de legitimidad, vigente hasta la actualidad. Los ciudadanos hemos desconocido dos gestiones al frente de la Presidencia de la República, lo mismo sucede con el Congreso y las Cortes. Sin embargo, sus integrantes siguen de pie, y han resistido porque fuerzas motrices (alianza de sectores tradicionales, emergentes y expresiones del crimen organizado), los mantienen vigentes.

La democracia sufre terribles embestidas, poco a poco ha dejado de ser la instancia legitimadora por excelencia del poder. Los nuevos portadores de la legitimidad, son el capital (no importando si es lícito o ilícito) y los grupos de poder que ocupan los partidos como vehículos temporales o medios de acceso al poder. Esa es la poderosa razón por la que la política se ha vaciado de contenido y dirección propia.