Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
Opinión

El doctor Velásquez contra la Siguanaba

Aparecía solamente en la penumbra, peinando sus crines frente a su rostro, cuya horrible realidad se cuidaba de mostrar. Mostraba, en cambio, sus otros encantos, seduciendo con ellos y poniendo en peligro, a los hombres impúdicos, a los ingenuos y a los incautos…

Fecha de publicación: 21-05-19
Por: Lionel Toriello

 

El derrumbe del falsamente democrático sistema de Partidos que hemos mantenido durante los últimos treinta años, siguió su curso la semana recién pasada, dándole nueva vida a algunas de nuestras antiguas leyendas. Ahí tenemos, por ejemplo, a la Llorona, a la que ya no le queda más recurso, que el de lamentar plañideramente un pasado que no puede cambiar y debido al cual, no puede participar. La Tatuana, perseguida por farisaicos representantes de la Ley, tiene que seguir “escapada” en aquel barquito que (dice la leyenda) pintó en la pared, para llegar primero a El Salvador y ahora a la Florida, aunque, definitivamente, fuera de esta contienda electoral. Pero la Siguanaba, merced a sus mal habidos millones y a sus malas artes, se conserva al frente de una “maquinaria electoral” que “aún las puede”; espera, con premeditación, alevosía y ventaja, “comprar” suficientes voluntades de un pueblo desesperanzado y desinformado, aunque ya también, ¡ojo!, descreído. Fueron ambos, los extremos de la izquierda y la derecha, ninguno de los cuales ha sido auténticamente democrático, los que en contradictorio contubernio parieron, juntos, este sistema de partidos mercenarios: agrupaciones con militancias estadísticamente insignificantes, sin ideología clara, sin foros de discusión interna y sin procesos abiertos y competitivos de selección de candidatos. Por eso, ambos extremos hoy presencian, impotentes, la merecida debacle final de su viejo sistema (la extrema derecha, ya huérfana de una verdadera “maquinaria”, aunque con algunos incipientes “rebrotes”; y la izquierda cínica, a punto de presenciar la derrota final de la suya, por el hastío del electorado consciente). Una derecha conservadora e inmovilista siempre pensó que “era peligroso” que en un país como este permitiésemos un juego político auténticamente democrático; pues como decían en tiempos coloniales, “esta es tierra propensa a la guerra de castas” y por eso, se prestó a la burda mercantilización de la política (además de que antes, solitariamente, ellos así “ponían y quitaban” Presidentes). La izquierda cínica, por otra parte, derrotada por las armas en su intento de asaltar el poder para imponernos a todos su credo, nunca creyó en la democracia y pronto recurrió también al sucio juego de la velada compra de votos, sin “venta de ideas”, sino recurriendo al más cómodo y simple mercadeo transaccional (dame tu voto y te doy tu bolsita). Al cabo del tiempo, todos lo comprendimos: en la Guatemala de las últimas décadas, quienes tuvieran el pisto suficiente, de fuentes legales o ilegales, podían poner gobiernos; esa devino la forma “chapina” de hacer política y de paso, hacer negocio, hasta que –para asombro de propios y extraños y con la presencia de inesperados nuevos actores– hubo más pisto ilegal que legal y hasta los gringos se asustaron. Merece morir, no cabe duda, esa “vieja política”…

Mientras tanto, el principal problema de Guatemala sigue siendo la pobreza, casi sin esperanza, de sus mayorías. No solo de ahí se derivan nuestros demás problemas sociales, desde la generalizada inseguridad ciudadana hasta la insatisfacción de las necesidades más básicas, sino que de ahí también se deriva el peligro de que un día nuestras masas desesperadas le puedan hacer caso a las mentiras y promesas de un nuevo –o de una nueva– Chávez y hacernos terminar a todos en un infierno dictatorial; del cual, como sabemos, es muy difícil y humanamente costoso escapar. Por eso no podemos seguir en este impasse histórico entre quienes no quieren que las cosas cambien y los que ofrecen redimir al pueblo con el reparto de lo ajeno, pues ninguna de las dos recetas sirve. Con base en el análisis histórico comparado, puede establecerse que las naciones hoy desarrolladas (aquellas a donde emigran o quieren emigrar nuestros ciudadanos desencantados) son aquellas en las que se adoptó una economía de mercado libre por una sociedad en la que las mayorías desposeídos fueron dotadas de un modesto patrimonio inicial. Desde tiempos de la Antigua Roma hasta los Estados Unidos de Abraham Lincoln, una dotación patrimonial fundacional para sus mayorías, fue la que puso en marcha los fenómenos sociales que hoy conocemos como los primeros “milagros económicos”, esos que se traducen en la formación de una amplia y pujante clase media, en una sociedad menos desigual, en una vigorosa sociedad de consumo que le da mercado al comercio y a la industria. Guatemala, para asombro del mundo, podría hacer, aquí y ahora, algo similar. Aunque en estos tiempos el Estado guatemalteco no tiene suficientes tierras para buscar esta dotación patrimonial ciudadana por la vía agrícola, podemos llevar a cabo un proceso novedosamente equivalente, aprovechando que aún somos un país por construir: haciendo accionistas a los ciudadanos del 49 por ciento de una cartera de nuevos proyectos, basados en activos republicanos y que abarque desde carreteras de peaje hasta un Canal Seco, pasando por la industrialización de nuestro subsuelo; incluyendo también sistemas de transporte y otros servicios urbanos y una red nacional de ferrocarriles. Hay abundantes fondos en los mercados internacionales de capital para colocar el otro 51 por ciento, en estos proyectos de gran impacto, siempre que gocen de amplio consenso social. La entrega de cinco acciones de estos proyectos directamente a los ciudadanos (tres contra presentación de DPI y dos más contra presentación de número NIT) sería una forma práctica de “encender” el motor económico de la Nación, generando empleo e ingresos fiscales y dando los primeros pasos para fortalecer y ensanchar a nuestra hasta hoy insuficiente y asediada clase media guatemalteca…

¿Que cómo hacerlo, ciudadano? Sea usted parte del nuevo sistema que está por surgir, del que habremos de construir en los próximos cuatro años. No ande buscando respuestas en las encuestas, sino en su capacidad de razonar. No ponga sus esperanzas, por ejemplo, en alguien como Giammattei, cabeza de un “rebrote” del sistema, que podría llevarnos de vuelta al Estado gansteril que hemos tratado de sacudirnos desde abril del 2015 y hacia el que pareciera nos quiere deslizar, otra vez, el que dijo que no era “ni corrupto, ni ladrón”. Recuerde el poder de “la estructura informal de liderazgo de la sociedad”, esa que (creando conciencia cívica) impidió que en las elecciones pasadas, Baldizón y Sandra llegaran al poder. Considere la candidatura para presidente de Luis Velásquez Quiroa, un hombre honesto, trabajador, preparado, nacido en Joyabaj, Quiché. Como en nuevo mito guatemalteco, el doctor Velásquez sí puede vencer a la Siguanaba. Consulte la Plataforma Ideológica y Programática que hoy se debate al interior del Partido UNIDOS: vaya a www.ciudadanotoriello.com. Hable usted con parientes y amigos, ciudadano, haga su labor. El 16 de junio tenemos una cita con la Patria. No lo olvide: cada pueblo tiene el gobierno que merece…