Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

La cantina : El principio del arco iris

“La forma en la que actuamos con la diferencia, hace toda la diferencia”, Alejandra Colom.

Fecha de publicación: 20-05-19
Por: NICTÉ SERRA

 

La integración de minorías ha causado conflicto a lo largo de la historia. Desde zurdos hasta judíos, grupos han padecido represión, persecución, violencia. Intentos de exterminio, incluso. Por fortuna, la humanidad evoluciona gracias a la construcción del conocimiento.

El 17 de mayo, 1990, la Asamblea General de la OMS eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Para conmemorarlo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia. Su objetivo es denunciar actos de discriminación y violencia contra esta minoría. En casi todo el mundo se realizan actividades que promueven el reconocimiento de sus derechos a través del diálogo con medios, autoridades y la sociedad civil.

La comunidad LGTB aún sufre afrentas, corre distintos grados de peligro. la discriminación hacia la diversidad sexual, persiste en Guatemala. En los últimos meses, ante el hervor político, vuelve a ocupar agendas. Basta con leer notas en redes -candidatos, inclusive- para saberlo. Es peligrosa, limita el progreso. Sin crecimiento en la calidad de la cultura colectiva y la aceptación, no habrá paz ni desarrollo. El discurso radical es la semilla que germina en el odio. El odio en crimen.

La violencia hacia la diversidad sexual continuará mientras el discurso condenatorio atice fuegos que alimentan la intolerancia. En marzo, Roberto Díaz fue torturado y asesinado. Mensajes de homofobia fueron escritos en su cuerpo, con navaja. Semanas después, dos jóvenes lesbianas corrieron la misma suerte. Es odio sólido, inaceptable. Bajo sombrillas religiosas/morales, el horror se diluye en un silencio conveniente, como si las víctimas buscaran la fatalidad por su inclinación.

Los países con mayores índices de desarrollo son aquellos en donde la diversidad sexual es aceptada y reconocida, sus derechos respetados. La preferencia sexual de un individuo ya no es sujeta a escrutinio, mucho menos a discriminación. El secreto ya no es escudo de protección.

El cambio es un proceso personal. La CDDH condena estos crímenes, emite publicaciones, se da golpes de pecho, pero queda ahí. Evaluar con consciencia prejuicios impuestos por la historia y desmadejar el miedo -raíz del rechazo a lo diferente- es el camino a la inclusión. El trabajo a nivel individual empieza con la empatía. Es un proceso de educación y comprensión de la dinámica humana. Disipemos los prejuicios.

Gira un discurso polémico en temas de familia en torno a esta comunidad. La única manera de abrir puertas es reconocer lo fundamental. Son humanos con imperfecciones, luces y talentos, como cualquier persona. En su afán de señalar con virtuosa solvencia a quienes consideran de lesa humanidad, las voces del discurso pierden de vista que miembros de la comunidad LGTB, además de ser personas dignas, también son parte de una familia. ¿Pensarán que su movimiento y condena harán que desaparezcan? ¿No ven el peligro que representa el odio? El rechazo hiere a la minoría que ama de forma distinta, también a los suyos. ¿Qué daño causan para repudiarlos? No son criminales.

Ser familia es un ejercicio de solidaridad a prueba de condiciones, pero últimamente parece estar en vía de extinción. En su lugar, queda una estela de polarización en un tejido social que necesita todo lo contrario.

Veremos el arco iris y avanzaremos cuando el tema deje de ser “tema”, cuando el miedo, el prejuicio y el odio sean pasado. El país en el que los derechos humanos prevalezcan legítimamente, existirá cuando las preferencias sexuales no decidan quién pertenece y participa.