Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Sueños feministas

Voto por el derecho de todas las personas a vivir dignamente.

Fecha de publicación: 18-05-19
Por: Anamaría Cofiño K.

 

Llamamos sueños a los proyectos de sociedad que hemos ido construyendo en colectivo, a partir del deseo de transformar al sistema opresivo que ha subyugado a las mujeres a través de los siglos. Buen Vivir, Ütz Kaslemal, Matria, son algunos nombres con los que varios movimientos en el continente se refieren a ese mundo deseado donde la convivencia sea pacífica, sin racismos ni explotación, sin guerras, con justicia social, en armonía con la naturaleza.

Para que una sociedad tal exista, es necesario llevar a cabo cambios estructurales de fondo, tanto en las formas de producir, distribuir, consumir y desechar, como en lo político: asumiendo que todas las personas tenemos derecho a decidir, no solo sobre lo que nos afecta como colectivo, sino en lo personal, en lo que se refiere a nuestros cuerpos, historias y vidas; y en lo sociocultural, promoviendo formas de conocer y crear que rebasan los estrechos límites de la cultura occidental hegemónica.

Feministas en todo el mundo hemos cuestionado al Estado por su carácter patriarcal que, desde su concepción filosófica hasta su práctica de políticas públicas, ha explotado a las mujeres, asignándoles el papel de reproductoras gratuitas del sistema. El Estado de Guatemala explota a las mujeres desde la niñez, utilizándolas como mercancía, y a lo largo de sus vidas las maltrata y hasta las asesina con impunidad. El ejemplo más terrible es el crimen que el gobierno encabezado por Jimmy Morales cometió contra 56 niñas que estaban bajo su cargo, víctimas de numerosas violaciones, y de las cuales murieron en un incendio 43 de ellas, como consecuencia de la aplicación de la violencia estatal.

El carácter patriarcal del Estado es un impedimento para el Buen Vivir. Porque el uso de la violencia le es inherente, como mecanismo para sostener el orden que pone a los hombres como dueños del mundo y de los seres que lo habitan. Las múltiples formas de violencia patriarcal, sutiles y brutales, están arraigadas en mentalidades y conductas, han sido naturalizadas, como el machismo, indoctrinadas a través de las religiones, encarnan en instituciones como la familia autoritaria y las leyes misóginas.

Para que el Estado garantice los derechos humanos de toda la población, debe partir del reconocimiento de las diversidades, no solo de clase y étnica, sino sexuales, ideológicas, etarias, etcétera. Solo esto es un reto enorme, porque implica aceptar la equidad, hacerse cargo de responsabilidades, asumir tareas, estar dispuestos a cambiar nuestras formas de pensar y ser, nuestras relaciones de convivencia.

Es difícil que nuestras propuestas se tomen en consideración en los partidos existentes, construidos sobre modelos caciquistas, penetrados por la corrupción, los fundamentalismos y los múltiples prejuicios que nos atraviesan como sociedad. No obstante, nuestra propuesta sigue nutriéndose cada día: fortalecer las comunidades de cuidado, las redes de la vida y derrumbar los muros de ignorancia y temor que nos impiden imaginar una sociedad donde podamos vivir dignamente, por eso votamos.