Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Debo votar?

Dentro de este sistema llamado democracia, una de las pocas, aunque exigua, ínfima y muy limitada, herramientas institucionales que tenemos para incidir en el sistema, es el voto.

Fecha de publicación: 18-05-19
Por: Juan Carlos Méndez

 

Desilusión y apatía, confusión y coraje. Son los sentimientos de la mayoría de los guatemaltecos frente al proceso eleccionario que corre.

La única cosa buena de este proceso, he escuchado decir a varios, es que por lo menos nos libramos de las cancioncitas ridículas, paredes pintarrajeadas y vallas llenas de rostros retocados al mejor estilo del teatro del terror.

El reloj avanza inexorable y el 16 de junio, día de las elecciones, está a pocas semanas y como alguien dijo recientemente, la papeleta aún no se termina de llenar, o de vaciar según se vea, en la Corte de Constitucionalidad.

La mayoría de personas con las que converso sobre el tema político, invariablemente están desorientadas y completamente decepcionadas de la política, casi ninguno ve dentro de los actuales candidatos, salvo alguna rara excepción, liderazgo, decencia, preparación, un partido político sólido, planes claros; pero por sobre todo lo que no ven es a un equipo de trabajo que genere confianza; por el contrario, todos o la gran mayoría generan desconfianza, no se sabe a qué grupos e intereses responden.

Winston Churchill decía que el mejor argumento en contra de la democracia era una conversación de cinco minutos con el votante medio, y vaya si tenía razón.

¿Es esta la democracia?, este proceso atroz y traumático que debemos pasar cada cuatro años para elegir a representantes, ¿a quiénes cedemos el poder absoluto y a quiénes podemos echar si hacen mal las cosas?. La realidad no se parece en nada a ese modelo idealizado que nos han vendido, en el cual, el pueblo es el soberano, es decir quién manda y que a través de su voto elige a las personas que materializarán los anhelos de los ciudadanos.

La mayoría criticamos el sistema, sin embargo poco o nada puede hacerse para cambiarlo; nuestra democracia es una camisa de fuerza y una tortura permanente donde los mismos elegidos son los victimarios. Las reglas las pusieron los políticos y los llamados a cambiarlas son los mismos políticos, que en la mayoría de los casos solo quieren perpetuarse en el poder para beneficio propio.

Todos los incentivos están puestos para que participen y ganen los peores elementos de la sociedad, salvo raras excepciones. Las personas éticas y capaces no tienen suficientes incentivos para participar, huyen de la función pública y la consideran una vergüenza.

En este ambiente tan tóxico y devastador, la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿debo votar?

Más allá del idealismo y siendo pragmáticos, no votar significa en todo caso dejar que otros decidan por nosotros. Entre más abstencionismo, mayor la posibilidad que un grupo menor, quizá el menos informado o aquel con mayores intereses sea quien defina el resultado.

El mismo Churchill decía que la democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de los sistemas políticos restantes.

Dentro de este sistema llamado democracia, una de las pocas, aunque exigua, ínfima y muy limitada, herramientas institucionales que tenemos para incidir en el sistema, es el voto.

Busquemos con lupa y elijamos este 16 de junio a los próximos gobernantes con el mismo cuidado y exigencia como elegiríamos a nuestros amigos.