Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Vivir donde no nos quieren

Migrar ya no significa desaparecer.

Fecha de publicación: 16-05-19
Por: Méndez Vides

 

Las distancias no se comprenden como en el pasado, porque si un familiar se va a otra nación, por lejana que sea, el contacto cotidiano se conserva, pueden verse por videollamada, escuchar su voz o enviar textos y fotos a cada momento. Es más, hay quienes mantienen más relación con quienes están lejos que con los próximos. Migrar ya no significa desaparecer.

Muchos se van urgidos por la falta de oportunidad que existe en Guatemala, por el desempleo. Es inmensa la cantidad de gente que anda con su papelería a cuestas, de un lado a otro, buscando ocupación sin éxito, enfrentando discriminación, porque a unos se les rechaza por viejos y a otros por jóvenes, estando los límites cada vez más cerca; a las mujeres por su apariencia, estatura y peso; o por las creencias, porque hay empleos para gente del mismo credo, que requieren carta de recomendación del pastor. A menos que se tenga “cuello” o participe en un partido político ganador, que no ofrecen ideas sino empleo temporal.

La desconfianza es tal que pasan por necesidad la prueba del polígrafo o detector de mentiras, perdiendo su dignidad. Una mujer se lamentaba porque esos aparatos no cumplen, porque a ella le preguntaron si había algún ladrón en su familia, y ella contestó afirmativamente, porque es la verdad, pero de todos modos no le dieron el empleo. Mientras hay jóvenes que se precian de saber cómo engañar al aparato, expertos en mentir. Y tanta importancia tiene la dichosa máquina que hasta un candidato a la presidencia se exhibe pasando la prueba oscura, jurando que no ha mandado a matar a nadie.

La falta de oportunidad está avivando el interés de marcharse, porque en Guatemala no hay esperanza. Las Elecciones no son prometedoras, así que cada quien debe ver cómo se las arregla. Los Estados Unidos sigue siendo el destino meta, que se está poniendo cada vez más inaccesible, porque ahora los coyotes cobran más. De los 30 mil quetzales que les pedían hace algunos años, se dice que ahora subió a 70 por persona, con opción a dos intentos. Pero le va mejor al adulto acompañado de un hijo menor, por 30, y 40 si va la pareja. El procedimiento es pasar la frontera y entregarse de inmediato a la migra, siempre y cuando cuenten con un contacto en regla en dicho país. Los aventureros que llegan solos, pagan 70 mil cruzando el desierto o 90 si no quieren asolearse. Para lograrlo, los migrantes venden sus casas o terrenos, y se van a probar suerte a donde no nos quieren, que es igual a estar aquí, como nadadores que buscan la orilla firme cansados de nadar, para no ahogarse.