Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

Pensando en voz alta (IV)

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”.

Fecha de publicación: 16-05-19

 

El dilema existencial para todo pensante de cualquier época como nos lo recordó tan bellamente Antonio Machado.

Y también para Jose Rubén Zamora, quien el pasado viernes 3 de mayo profirió un desgarrador grito con base a los múltiples sobresaltos de su vida pública y aun de su vida privada.

Pero no creo que a estas alturas nos deberíamos dejar sorprender por semejante calvario, ni él ni el resto de nosotros todos.

Las certezas del ayer parecen haber sido recluidas en el pasado, y no en el presente. Es lo que otros más refinados han dado en calificar como “vacío existencial” de la humanidad contemporánea. Pues consecuentemente tanta angustia resultó la tónica dominante a lo largo del siglo XX entre los humanos pensantes.

Sin embargo, cada día se nos reitera esa angustia existencial, a veces en lo muy personal (Zamora) y a veces en lo colectivo (todos nosotros). Y esto último aparenta ser el sello del momento en nuestra querida Guatemala, léase a los ojos de una Lucía Escobar, un Raúl de la Horra, un Italo Antoniotti o de un Andrés Zepeda, por mencionar unos pocos de entre los colaboradores de este diario.

Encima estamos teóricamente en un año electoral. ¿Para elegir qué, a quiénes o para qué?…

Todavía no lo podemos responder a ciencia cierta, por obra y gracia de nuestras confundidas y a pesar de ello tan engreídas autoridades electorales: el Registro de Ciudadanos, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Constitucionalidad, quienes arbitrariamente no nos permiten saberlo todavía con absoluta certeza, a poco más de un mes para la fecha de las elecciones.

Por tanto, avanzamos en algo y retrocedemos en lo demás. La confusión del momento incluso hasta fuera de Guatemala.

Eso es todo, atribuible en buena parte a la irresponsabilidad de magistrados y autoridades electorales.

En último análisis, un crimen contra el civismo a esperar de toda sociedad civilizada.

Por eso, Jose Rubén, creo que tu grito no es solo tuyo ni siquiera el más oportuno. Hay muchos más todavía ahogados en los pechos de muchos hombres y mujeres de buena voluntad. Y me incluyo entre estos últimos.

Pero hemos de hacer camino entre todos, aunque la ignorancia de unos y la cobardía de otros nos lo hagan más incierto. Al fin y al cabo, así ha discurrido también el tiempo de las civilizaciones, obras enteramente humanas, pero hechas al andar…

Aquí querría introducir el tema que más me interesa de este momento: el de la responsabilidad cívica que nos compete a todos y a cada uno de hacernos respectivamente ese camino, muy en particular, por supuesto, el que corresponde a nuestras autoridades no menos supuestamente constitucionales.

Ese sentido de la obligación moral ciudadana parece estar ausente entre muchos de nosotros. Y así, por ello, la ley rara vez se respeta íntegramente.

El egoísmo de cada individuo ha acabado por imponerse respectivamente a los imperativos colectivos las más de las veces, por mucho que alardeemos y vociferemos de nuestra sensibilidad social.

Lo que en la práctica se ha reducido a no habernos hecho suficiente camino…

Empero, es nuestro deber ineludible si queremos justificar el reclamo a que se nos trate a cada uno de nosotros como “personas”.

Además creo, que con todo ello nos hemos mostrado, una y otra vez, salvo escasas excepciones, como flojos de carácter y, por la misma razón, ineficientes e insensibles a la hora de acudir y compartir al dolor ajeno. Por lo tanto, Jose Rubén, antes que “pelar” a otros pasemos por la peluquería que a cada uno nos corresponde, sobre todo si lo ensayamos anónimamente.

Y así, en las cárceles han agonizado por meses, por años, y al compás de nuestra desidia colectiva, hombres y mujeres por ley constitucional supuestamente inocentes porque nunca han sido llevados a juicio ante juez competente ni vencidos en los mismos. La negación absoluta de una Estado de Derecho en la versión de la CICIG.

Y por eso mismo también creo que tres de nuestros cinco magistrados titulares de la Corte de Constitucionalidad una y otra vez se han mostrado más culpables que aquellos a los que han
respectivamente señalado.

Ahora, siquiera, hay más presencia voluntaria a puestos de elección pública que hace cuatro años. Pero, reitero, todavía a estas horas en vísperas de las elecciones, por obra y gracia de esas mismas autoridades electorales, no sabemos si se les permitirá a todos hacerse presentes en el proceso.

Monumental burla al
electorado.

Y por eso de nuevo, otros cinco magistrados, esta vez los del Tribunal Supremo Electoral, arbitrariamente, y de acuerdo a sus cortos alcances intelectuales, también han diseminado impunes el caos de la incertidumbre entre todos los votantes.

En verdad, todos ellos criminales togados espero que sin saberlo, pero del todo manifiestamente incapaces de hacer conciencia y así organizar eficientemente esa expresión cívica de la voluntad popular a la hora de hacernos colectivamente camino…

También recuerdo desalentadoramente que el pretexto que una vez se adujo para justificar esa nefasta intervención extranjera de la CICIG en los asuntos soberanos de los guatemaltecos, fue el raquitismo en aquel momento hecho muy evidente del sector “justicia”. Y tras semejante ocurrencia de Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein, ahora nos hallamos aún más imposibilitados para elegir limpiamente a nuestras autoridades nacionales.

¿Cuál Guatemala heredaremos al hacer camino entre todos a nuestros hijos y nietos?

La primera pregunta que me salta a la mente por tanto desaguisado electoral es esa obvia que haría cualquier observador: ¿en qué Universidad o institución académica hipotéticamente se formaron todas esas autoridades electorales? ¿Y una vez ahí, encomendados a la dirección erudita de cuáles catedráticos y jurisconsultos? ¿Y según cuáles doctrinas filosóficas fueron profesionalmente entrenados? ¿De acuerdo, por ejemplo, el derecho consuetudinario? ¿O según los cánones heredados del derecho natural? ¿O según la raquítica fuente de inspiración del positivismo jurídico tan nutrida de las miopes inteligencias y las corruptas prácticas de algunos “legisladores” del pasado?

Ese no es el camino por el que hemos de empezar. Porque, no lo olvidemos, no hay camino, y por lo tanto, habremos de hacerlo al andar juntos con todos y por el bien de todos.

He ahí también la raíz de nuestro vacío existencial del momento electoral presente. Porque nos hemos internado por un camino que no existe y que muy pocos saben que un día habremos de tomarnos la molestia de abrírnoslo de veras a machetazos al andar…