Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

Autoritarismo competitivo

Las evidencias de degradación de las normas democráticas que se han acentuado en los últimos meses, son la antesala de lo que tendremos por delante.

Fecha de publicación: 10-05-19
Por: Renzo Lautaro Rosal

En teoría, las elecciones son momentos para el recambio en el ejercicio del poder. Representan un tramo en el marco de una construcción más extensa, son eventos que forman parte de dinámicas políticas de mayor envergadura.

El proceso guatemalteco 2019 se desarrolla bajo condiciones caóticas, en condiciones de inestabilidad constante; por lo que es previsible que sus resultados profundicen la crisis. De allí, su carácter regresivo. La antesala ya nos dice bastante: mezcla de acciones legales, mediáticas y políticas para crear una aparente incertidumbre; un falso imaginario para hacer creer que la elección del binomio presidencial es lo más importante.

La aparente incertidumbre no deja ver el escenario de las certezas. En realidad, se ha fraguado un escenario de recomposición, donde la idea del cambio no tiene cabida y la estabilidad política puede ser una nueva falsedad. De algo estamos seguros: las opciones políticas que tienen mayores chances de acceder al Ejecutivo y al Legislativo representan retrocesos; el crimen organizado será más representado, se reducirán las libertades civiles.

El retroceso está asociado a que ni siquiera estamos cerca que las elecciones fortalezcan la democracia electoral, ya que no se cumplen los principios del modelo de democracia liberal: habrá cambio de rostros, pero el poder continuará siendo ejercido por los mismos; no se fortalecerá la incipiente y lenta democracia; no se fortalecerán las instituciones; no hay acatamiento de normativa electoral. Estamos ante un momento donde se consolidará el autoritarismo competitivo: hay elecciones, pero la posibilidad de alternabilidad en el poder es limitada; por lo que se mantendrá el mismo modelo, los mismos actores, las tendencias sin alteración.

Estamos en medio de un proceso minimalista y erosionador. La presencia de tantos candidatos no garantiza que sean elecciones competitivas. Esta tendencia se ha generalizado a escala global. “La democracia está a la defensiva en las Américas y alrededor del mundo”. Crece el escepticismo en torno a cuánto éxito puede tener la democracia en satisfacer las expectativas de los ciudadanos y mejorar la calidad de su vida cotidiana. De allí la escogencia de Bolsonaro o Volodímir Zelenski.

La recesión democrática en el mundo, se caracteriza por el debilitamiento gradual de las libertades básicas, la persistente corrupción, los intentos de manipular leyes para lograr reelecciones, las violaciones constitucionales, la permisividad de leyes electorales, el estancamiento económico y el auge de la violencia criminal. Allí radica la esencia de la ola regresiva.

Con tantos candidatos a la Presidencia prometiendo reimplantar la pena de muerte, el uso del Ejército para tareas de seguridad ciudadana, leyes para librar a los corruptos de las cárceles, la idea de R. Dahl se hace cada vez más lejana, “la protección de las libertades civiles es necesaria para que florezca la democracia”. En Guatemala, vamos en reversa.

Las democracias tardan mucho en su consolidación; los autoritarismos disfrazados son fáciles de instalar. Las evidencias de degradación de las normas democráticas que se han acentuado en los últimos meses, son la antesala de lo que tendremos por delante.