Jueves 22 DE Agosto DE 2019
Opinión

El voto consciente puede llevar al cambio

“Reducir la brecha entre los que tienen y los que aspiran” .

Fecha de publicación: 06-05-19
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

 

La Carta Democrática Interamericana, aprobada por la Asamblea General de la OEA, en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001, dispone: “Son elementos esenciales de la democracia representativa (…) la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo (…)”. Asimismo, nuestra Constitución impone a los ciudadanos, es decir a todos los guatemaltecos mayores de 18 años, en pleno ejercicio de sus derechos políticos, el deber de velar por la libertad y efectividad del sufragio.

Según el Diccionario de la Lengua Española, la palabra libertad significa “falta de sujeción y subordinación”, por lo que “libertad del sufragio” equivale a que este pueda ejercerse libremente, o sea sin sujeción ni subordinación. Por otro lado, la palabra efectividad significa “capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”, por lo que “efectividad del sufragio” equivale a lograr el objetivo de que los electores, mediante el ejercicio del voto legítimo e indubitable, elijan a sus representantes u opten entre distintas posibilidades.

De suerte que el ejercicio libre y eficaz del sufragio es el derecho político o democrático que tienen los ciudadanos de elegir u optar irrestrictamente entre varias propuestas, candidatos o alternativas; es la potestad de decidir a través del pleno ejercicio del voto.

En mi opinión, los ciudadanos, al sufragar, tienen la oportunidad de votar para que las cosas sigan igual o por la posibilidad de cambio o rumbo. Y afirmo por la posibilidad de cambio o rumbo, porque se ha demostrado, a través de experiencias en otros países, que los ciudadanos, mediante el poder del voto, han desmentido y contradicho expectativas políticas y pronósticos incuestionables; o, mejor todavía, han demolido continuismos degenerados, envilecidos y supuestamente inamovibles.

El ejercicio del sufragio, con conciencia política e información suficiente y pertinente, puede impedir que los mismos vuelvan a ser electos; castigar a los tránsfugas y oportunistas; no votar por planillas de candidatos que incluyan demagogos, corruptos e ineptos; rechazar a la vieja política, a la cual le es inherente la corrupción y cuya verdadera misión no es mejorar la vida de la gente; repudiar contubernios politiqueros basados en clientelismos políticos e impunidad, así como candidaturas cuya impronta es el “gatopardismo”, que propugna porque “todo cambie para que nada cambie”; y, en el peor de los casos, puede favorecer las opciones políticas grises (menos malas) y, con ello, rehusar las alternativas negras (asociadas a la cleptocracia y al crimen organizado).

Por otro lado, estoy convencido que el inicio del cambio puede darse si el voto consciente, es decir el ejercicio del sufragio con conocimiento y responsabilidad, se asocia a una efectiva “politización de la sociedad”, lo que conlleva la existencia de una ciudadanía organizada, participativa y, sobre todo, que demanda a sus representantes las transformaciones fundamentales requeridas, así como una completa y periódica rendición de cuentas.

En ese sentido, sostengo que una transformación integral no solo supone el fortalecimiento del régimen de legalidad, de la institucionalidad, de la meritocracia, de la economía de mercado, de la transparencia y del sistema político electoral, sino también la erradicación de la miseria, la exclusión, la ignorancia, la discriminación y los privilegios, así como, en palabras de mi padre, Mario Fuentes Pieruccini, “reducir la brecha entre los que tienen y los que aspiran”.

José Martí, patriota cubano, afirmaba: “Cuando el sufragio es ley, la revolución está en el sufragio”.