Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

Negocio de candidatos eternos

Ser candidato en Guatemala es una figura comercial.

Fecha de publicación: 25-04-19

 

La captura escandalosa y bullanguera de Mario Estrada, el de “vienen tiempos mejores”, el candidato infaltable, que siempre se lanza y jamás queda, puso en evidencia la existencia de un negocio electoral, que se nutre del proceso mismo, porque hay toda una especie de rémoras que viven a costa de los demás, sin vergüenza y abiertos a la prosperidad propia, de la cual algo derraman entre quienes los rodean.

Ser candidato en Guatemala es una figura comercial, lo que afecta la imagen de los líderes conscientes, porque la población no hace diferencia. Los “vivos” actúan a la sombra, sabiendo que nunca van a ganar la elección, pero quieren estar en el convite para sacar ventaja. Participan con el dinero de otros, y aunque pierden, ganan. Van personalmente o envían delegados a pedir limosna en rogativa implorante, o casi obligando como extorsionistas, y con lo obtenido se pagaba antes algo de la publicidad permitida y se quedaban con la tajada que les permitía lujos y viajes, sin trabajar, por cuatro años, hasta el próximo evento.

Esta clase de comerciantes de producto no tradicional, despluman a sus amistades, reciben donaciones del exterior, y esperan alcanzar suficientes votos para tener derecho al aporte del Estado, pero en las actuales circunstancias, los ambiciosos y sin escrúpulos se van quedando apenas con los recursos de la dimensión paralela de la delincuencia y el narco, a quienes piden cifras gigantescas a cuenta de promesas que jamás cumplirán, porque saben muy bien que ni por arte de magia llegarán a la meta.

A Mario Estrada parece que le tiraron el anzuelo, como niña en poca ropa que llega a tentar al picaflor, y cayó redondito. Prometió el cielo y la tierra a supuestos narcos, porque quizá ya lo había hecho antes o animado por la ambición que imponen las películas de moda, creyendo que ladrón que roba a ladrón está perdonado, cuando estaba tratando ingenuamente con el lado opuesto. Lo agarraron con las manos en la masa, aunque todo se quedó en puras palabras, en promesas como las que hacen algunos machos a la novia para lograr su propósito. Su delito fue ofrecer el cielo y la tierra a delincuentes, como en una apuesta de cartas, cuando ya se sabe que la jugada está perdida.

El caso particular ha puesto en evidencia sobre lo que podría estar ocurriendo con otros, y el mensaje que se ha trasladado a la ciudadanía es que hay que sospechar de quienes se lanzan una y otra vez, y nunca ganan, y van envejeciendo ventajosamente con doctorado en el oficio de candidatos.