Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

El tumor del crimen creció

Un legado de la gestión de Jimmy Morales.

Fecha de publicación: 25-04-19

 

El crimen organizado devora las democracias. En Guatemala la democracia sufre una extensa infección criminal que no deja tejido indemne. La semana pasada capturaron en Miami al candidato presidencial de UCN, Mario Estrada. Esta semana fue detenido el aspirante a diputado de Viva por Retalhuleu, Julio Rosales. Ambos serán juzgados en EE. UU. por presuntos nexos con el narcotráfico. Ellos son apenas la punta del iceberg.

Hace cuatro años los registros del TSE mostraban que en 70 municipios no hubo competencia para elegir alcaldes. En cada jurisdicción corría un candidato. Los opositores y disidentes habían sido disuadidos –por las buenas o por las malas– de participar. Con todo y que representan el 20 por ciento de los municipios, resulta un dato conservador, pues hay alcaldes, como el de Ipala, que saben guardar las formas inventando su oposición.

No es accidente que esos municipios estén localizados en zonas de frontera y rutas de trasiego de drogas ilícitas y para la trata de personas. Allí se respira la gobernabilidad que emana de la organización criminal y sus cabecillas. Tienen capacidad de procurar empleos, garantizar cierta seguridad a los pobladores y hasta intervienen en los líos intrafamiliares. La estabilidad de los feudos del crimen es condición para que sus negocios marchen viento en popa.

Los grupos criminales hablan tres idiomas, según la necesidad: violencia, corrupción y cooptación. Así, son capaces de desestabilizar regímenes políticos con guerras encarnizadas. Los negocios les rinden tal liquidez que fácilmente descomponen cuerpos estratégicos de la seguridad del Estado: ganan impunidad o los utilizan para perseguir organizaciones rivales. Hasta han llevado a más de alguno de sus prominentes socios a la Presidencia de la República financiando su campaña y procurándole votos.

A cambio piden facilidades y garantías para sus negocios, un clima no hostil en la opinión pública y contratos de obra pública que ayudan a blanquear utilidades y crear vínculos en la comunidad convencional de empresas. Dividendos extra son que las altas autoridades del Ejecutivo debiliten las instituciones independientes; por ejemplo, retando fallos de la CC y tribunales independientes, desmantelando cuerpos de seguridad eficaces en el combate al crimen o proveerles equipo y personal de custodia.

Durante años, en sus recorridos por los pueblos montando espectáculos de farándula o comedia, Jimmy Morales conoció y trabó amistad con varios cabecillas de esos grupos. Es pública la serie de fotografías que los muestran confianzudos departiendo. Quizá por eso, durante este periodo, los cabecillas son más obvios. Asisten a las asambleas partidarias, departen con los candidatos en restaurantes abiertos, y de inmediato suben las instantáneas a las redes sociales. Tras el desembarazo de la CICIG, la presurosa recuperación criminal de instituciones de seguridad y justicia, y la desobediencia desafiante a la autoridad electoral, es altamente probable que el saldo de estas elecciones incluya la expansión del control criminal en los territorios y que aumenten sus representaciones en el Congreso. Puede ser, incluso, que uno de cada tres postulados a la Presidencia de la República sea de los suyos o al menos afín.

Por eso el balance de la gestión de Jimmy Morales es pavoroso y su legado apunta a la metástasis del crimen organizado en el tejido social e institucional. Así las cosas, no necesariamente se verá en los apuros de huir, como muchos han anticipado. Hasta podría quedar blindado ante a la justicia.

Mientras las mafias se apoderan del país en nuestras propias narices, los insensatos grupos ultraconservadores siguen con la cantaleta distractora: “ahí vienen los comunistas”, “los izquierdosos inventan la amenaza del narcotráfico para sus fines inconfesables de asalto al poder” etcétera.