Domingo 22 DE Septiembre DE 2019
Opinión

La democracia en la era del unicornio

América está a punto de olvidar la extravagancia de sus invenciones. Roger Cohen.

Fecha de publicación: 24-04-19
Por: Edgar Balsells

 

El Viernes Santo pasado, cuando en Guatemala se celebraba con fe la Semana Mayor, se hicieron públicos en los Estados Unidos los resultados de la investigación sobre la trama rusa, mediante un informe con censuras, elaborado por el Fiscal Especial Robert Mueller, y que nos muestra los vínculos entre miembros del equipo electoral de Donald Trump y los rusos, con Putin a la cabeza, con su comportamiento típico de exmiembro de la KGB, la policía secreta de los soviéticos. ¡Qué tal!

Se trata de un tamagás amplio y refinado que, según el editorial del The New York Times del sábado pasado deja un gran espacio para una guerra partidaria, aun cuando el mandamás de la Casa Blanca pareciera salir bien librado, por el momento, con sus típicos aires de victoria y del “yo nunca hago nada malo”.

Las funciones y resultados ordenados a Robert Mueller se centran en la interferencia rusa y él, como buen fiscal, las demuestra de manera fehaciente, y no por algo se encuentran 13 rusos acusados y otras compañías, que muestran lo sofisticado del espionaje de hoy. Pero lo peor de lo peor es el manipuleo electoral. Y si eso pasa en el imperio, que no nos extrañe lo que sucede en un país tropical cuya solidez macroeconómica se fundamenta en su diáspora, que alimenta la importación de vehículos suntuarios y los helicópteros que transportan a la rancia clase política de hoy en día, y a sus socios empresarios por supuesto.

El tremendo daño del informe, de acuerdo con los análisis de peso, es el de la no aceptación por parte del mandatario de la nación más poderosa del daño hecho ya no solo a una democracia antigua, admirada en su tiempo por europeos como Alexis de Tocqueville (De la Democracia en América), sino además: la amenaza a la seguridad interna de los propios Estados Unidos.

Muchas aristas tienen estos eventos, pero resulta interesante destacar su impacto en la empresarialidad, pues a través de la trama y el engaño, así también se viene disparando el hiperindividualismo, el reino del dinero, la desregulación renovada y el cruce de esa delicada línea entre lo verdadero y lo falso.

Todo esto viene impulsando a la vez un nuevo mundo de negocios, ejemplificado en las empresas unicornio: una docena de empresas emergentes vinculadas al software, valuadas en más de un billón de dólares sin pasar por el mayor escrutinio de las empresas públicas de Wall Street. Es decir desreguladas casi por completo.

Cohen nos recuerda el mito de la megaempresa Theranos, empujada también por los demócratas de su tiempo, fundada por una estudiante mediocre de veintitantos años, Elizabeth Holmes, y que se ocuparía de un novedoso método para exámenes de sangre, sin usar la siempre temida aguja hipodérmica. Todo se trató de un gran fraude a pesar de que Holmes se hizo millonaria, encarnando el símbolo de la alucinación y la corrupción. Afortunadamente Theranos colapsó y Holmes está acusada penalmente.

El ejemplo queda claro para el mundo de hoy, y Maquiavelo sería el primero en aplaudir: el fin justifica los medios y lo moral queda para otro día, pero tomando prestada una cita de James Rachels, uno de los filósofos de la ética más leídos en Estados Unidos, y recordando a Sócrates: todo esto “no se trata de una insignificancia sino de cómo debemos vivir”.