Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Opinión

Imagine: la Guatemala posible…

Contribuya a iniciar el proceso, ciudadano, meditando sus opciones para la próxima elección.

Fecha de publicación: 23-04-19
Por: Lionel Toriello

 

Imagine, ciudadano, que despertara usted en un país de limpios lagos apacibles y volcanes deslumbrantes, poblado por gente multicolor en su piel y en su vestimenta, pero homogénea en su amabilidad, educación y buen humor; integrada por alegres exponentes de un pueblo consciente de su herencia cultural milenaria, tanto de cercanas como de distantes raíces. Imagine que sus bosques, sus montañas y sus selvas estuvieran surcadas por aguas cristalinas pero también por numerosas y modernas carreteras, por eficientes vías férreas, sus cuencas protegidas de las aguas negras y de los desechos sólidos, emanando esa paz y seguridad que traen la prosperidad generalizada y una esperanza colectiva ampliamente compartida; bajo un cielo azul profundo durante el día y de dorado a rosáceo en el crepúsculo y en los amaneceres. Imagine a nuestra “eterna primavera” con sus pueblos pintorescos, sus productivos sembradíos, conducidos en orden consensuado, celebrando sus tradiciones y sus alegres costumbres, con la confianza que se percibe cuando se sabe que “quien la hace, la paga” y que en el fondo, “la República es nuestra, es de todos y la cuidamos…”. Con ciudades modernas, cultas y vivibles, rodeadas de flora y fauna, en las que nuestros talentos hicieran gala de su intelecto y de sus artes, haciéndonos parte de un ancho mundo en el que los chapines nos sentiríamos cómodos, siendo lo que somos. Imagine que inteligentemente, extrajéramos riquezas de nuestro subsuelo para beneficio de la Patria y sin dejar mayores cicatrices, con agricultura exuberante y fábricas pujantes, que uniésemos a los dos océanos con un “canal seco” y que enterado el mundo de tanta maravilla y de tanta belleza, se volcara a visitarnos, llenando desde grandes hoteles y complejos vacacionales, hasta pequeños hostales y otros albergues, derramando divisas en restaurantes locales y en otros negocios turísticos que surgirían espontáneamente por todas partes, reforzando a una pujante –y creciente– clase media y extinguiendo para siempre a la pobreza extrema. Imagine a una niñez atendida y a una juventud educada, con sus laboriosos padres prosperando en paz y contemplando a sus hijos soñar un futuro mejor para los que estuviesen por venir… a un país que por su calidad de vida y su marimbística Alma Lira, muy pocos estarían dispuestos a abandonar…

Ya sé: tras ese efímero sueño maravilloso, despierta usted a la realidad de que tras dos siglos “de vida independiente”, nos hemos negado a (o no hemos podido) hacer eso posible. Es cierto: no hemos logrado superar la bipolar sociedad que emergió de nuestro pasado colonial, cuando deliberadamente se creó una “república de indios” subordinada a una “república de españoles”. En el siglo XIX, cuando la tierra sin dueño era aún abundante en relación a la población, no tuvimos a un Abraham Lincoln que imaginara una “república de todos los ciudadanos” y empequeñecidos y divididos, consolidamos la sociedad bipolar, esa de “finqueros y campesinos”, esa de “mil siervos y un puñado de señores” que produjo nuestro Capitalismo de Plantación. Y todavía a mediados del siglo pasado, no solo fallamos, con Árbenz, en convertirnos en una renovada “república de propietarios”, sino que quedamos tercamente enfrentados entre los que dicen que van a redimirnos “con el reparto de lo ajeno” y los que “no quieren que nada cambie”. Y esa es la fuente primaria de todos nuestros males. De ahí derivan todos nuestros problemas: de la desesperanzada pobreza de nuestras mayorías y de la terca estulticia de nuestros gobernantes, que no han podido reconocer que todas las repúblicas exitosas partieron de una dotación patrimonial fundacional y entonces no le ponen remedio a esto. Y remedio tiene: tenemos que superar nuestras deficiencias históricas e incorporar a nuestros desposeídos a los beneficios de la vida republicana, a través de eso que he llamado “el Plan Pérez” para Guatemala. Como un reparto agrarista en Guatemala es hoy aritméticamente imposible, técnicamente regresivo y políticamente inviable, sería a través de una “dotación patrimonial ciudadana” novedosa con la que podríamos poner las bases de una renovada clase media: con acciones de la mitad patrimonial de una “cartera de proyectos republicanos” (carreteras de peaje, ferrocarriles, industrialización de nuestro subsuelo, sistemas de transporte público metropolitano y de otras urbes, “canal seco”, etcétera) distribuidas entre los ciudadanos, contra simple presentación de DPI y/o de código NIT. Seríamos ejemplo para la América hispana: con proyectos “republicanos” que por ello, gozarían de amplio consenso social en vez de la oposición sistemática y destructiva que contemplamos hoy. Como se podría haber hecho al “privatizar” la telefonía, la carretera Palín/Escuintla y la electricidad: imagine usted lo que habría pasado si se le hubiese entregado el 49 por ciento de las acciones a la ciudadanía, su efecto en el mercado de capitales, en la demanda agregada, en el consumo y en el bienestar general…

No. Ni es “socialismo” ni es una quimera irrealizable. Es liberalismo auténtico, ese que lucha contra todo abuso de poder, ese que pretende liberar la creatividad del ciudadano, aplicado a nuestra herencia histórica. Si hubiese discusión política real, en vez de repetición ad nauseam de frasecitas cajoneras y desprovistas de verdadero significado, podría ser el inicio de un capitalismo democrático y popular surgido inesperadamente en Guatemala. Uno que vendrían a estudiar desde otros países para analizar cómo lo hicieron estos chapines… Vaya a “www.ciudadanotoriello.com” y “baje” la “Plataforma Ideológica y Programática” que un grupo de militantes del Partido UNIDOS discute en el seno de esa entidad. Vea ahí cómo podemos iniciar “el despegue económico” de Guatemala mediante la acción política. Vea cómo podríamos darle el “estartazo” al definitivo desarrollo capitalista de Guatemala, deslumbrando al mundo al hacer de esta una nueva “república de propietarios”, una renovada sociedad de clase media, una inesperadamente súbita sociedad de consumo. No; Guatemala, la de las alfombras de flores y el olor a corozo, esta de los nazarenos y las jacarandas, la de la dulce marimba y “el colocho de guayaba”, esa que tanto decimos amar, ya no está para cambios “cosméticos”, necesita un auténtico cambio de rumbo. Contribuya a iniciar el proceso, ciudadano, meditando sus opciones para la próxima elección. Hay que empezar el largo proceso, saliendo, para empezar, de los Marios Estradas, los Alfonsos Portillo o las Sandras Torres. Saliendo tanto de nuestros medio-socialistas como de nuestros rancios conservadores. Así que para el Ejecutivo, analice lo que ofrece ese emprendedor surgido de las entrañas del pueblo, nacido en Joyabaj, Quiché: un hombre moderado, honesto, preparado; el doctor Luis Velásquez Quiroa, la opción inteligente. Y a sabiendas de que “una golondrina no hace verano”, lleve al Congreso a quienes promueven estas ideas del capitalismo incluyente, la gente de UNIDOS: apartados de los extremos y abiertos a esa mayoría de guatemaltecos de buena voluntad. Y después, métase al Partido y ayúdenos a modernizarlo, pues hoy por hoy, ningún partido aquí es realmente un partido. Llámeme soñador, si quiere; pero como dijo Lennon: “no soy el único; espero un día usted se nos una…para hacer de este, un mundo mejor”. Mientras tanto, no lo olvide: cada pueblo tiene el gobierno que merece…