Viernes 19 DE Abril DE 2019
Opinión

Intereses detrás de la meta de recaudación

— Editorial

La reciente reedición por parte de Fitch Ratings acerca de las condiciones económicas del país revela lo que tantas veces se ha dicho en este espacio acerca del enrarecido clima político que vive el país de cara a las próximas elecciones dada la beligerante actitud del gobierno contra la CICIG. Sin embargo, las descontextualizadas y descaradas referencias de esta agencia sobre el nivel de la carga tributaria solo desvían la atención respecto del verdadero problema que afronta la SAT. Esas descontextualizadas afirmaciones nada dicen acerca de los devastadores efectos de la antitécnica y fallida reforma tributaria de 2012 sobre la carga tributaria. Resulta descarado que ahora quieran hacer ver que es la SAT la responsable cuando ellos mismos, en julio de 2012, afirmaron que “la exitosa aprobación de la reforma fiscal al inicio de la administración del Presidente Pérez Molina …(aumentaría) la recaudación en 1.5 por ciento del PIB hacia 2015… (llevando) los ingresos fiscales estimados… 12.6 por ciento del PIB”. Nada más lejos de lo que realmente pasó; gracias a esa reforma, la una carga tributaria pasó de 11.6 por ciento del PIB en 2011 a 10.6 por ciento en 2015.

En todo caso, si tanta es la preocupación por la carga tributaria, deberían aclarar que el problema principal reside en el diseño impositivo con el que tiene que trabajar la SAT, la deficiente y parcial reforma institucional impulsada por el gobierno de turno y la baja moral tributaria de los contribuyentes en respuesta a la inefectividad de este gobierno y cuestionamientos acerca de su honestidad. Habría que esperar que instituciones como el FMI, que próximamente estará visitando Guatemala para hacer las revisiones correspondientes al Capítulo Cuarto de 2018, no caigan en el mismo error que esta calificadora y solapen con su silencio los nefastos efectos que la reforma tributaria de 2012 ha tenido sobre la recaudación tributaria y a algunos de sus autores intelectuales y materiales, que hoy enfundados en trajes de políticos ofrecen el oro y el moro pero evaden la responsabilidad de sus acciones. Resultaría profundamente sospechoso que el FMI callara acerca de este factor en su próxima revisión del Artículo IV, salvo que alguno de los tantos connacionales que se enfundan ahora en ropaje técnico dentro de esa institución también estén jugando a la política.

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