Viernes 19 DE Julio DE 2019
Opinión

¡Urge un estadista!

Un gobernante que hable con la verdad.

Fecha de publicación: 25-03-19
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

 

La grave crisis institucional, política, económica y social por la que atraviesa nuestro país se debe, en gran medida, a que nuestros líderes y dirigentes políticos no han sido capaces, idóneos, honestos ni versados en los asuntos del Estado.

Ingenuamente, todos pensamos que, por el simple hecho que se había iniciado un nuevo orden constitucional, a principios de 1986, o porque el gobierno y la guerrilla firmaron la paz, a finales de 1996, nuestra historia de privilegios, discriminaciones, intolerancia y rezagos cambiaría radicalmente en pos de la armonía, del diálogo, de la participación, del pluralismo, de la seguridad jurídica y de la equidad; que nuestros gobernantes ya no serían los tradicionales caudillos, autócratas, cleptómanos y abusivos, sino que serían personas honradas y probas, así como genuinos estadistas; y que, finalmente, la sociedad guatemalteca comenzaría a caminar, con paso firme, hacia el desarrollo integral y la justicia del respeto.

Creer en todo esto sin chistar fue un craso error, ya que la experiencia nos dice que nuestros gobernantes no han tenido los quilates requeridos para asumir con aptitud y responsabilidad el remo supremo de la Patria. En el mejor de los casos han sido mediocres y, en el peor, ineptos, abusivos, mesiánicos, intransigentes, corruptos, demagogos, clientelistas y prepotentes.

Sin embargo, nuestro país ya no puede darse el lujo de otra equivocación, porque prácticamente hemos tocado fondo y estamos en un punto crítico. De suerte que es imperativo cambiar radicalmente el perfil de nuestros gobernantes y escoger a verdaderos estadistas que nos saquen del lodazal en que nos encontramos.

Se necesita un líder que sepa, para principiar, que la economía y la sociedad han de adecuarse al proyecto de nación, y que el éxito político se sustenta en la conciliación de intereses, la prosperidad económica y la armonía en la diferencia. Un conductor que interprete con serenidad los acontecimientos, que esté abierto a soluciones con vista al futuro y al mundo, que defina objetivos y prioridades, que coordine esfuerzos, proyectos y recursos, así como que aliente el emprendimiento, la inversión productiva y la innovación tecnológica. Un político hábil que tenga el talento para combinar armónicamente crecimiento económico y desarrollo humano sostenible; que entienda que la búsqueda de acuerdos, por la vía del diálogo y la negociación, es determinante para que la sociedad guatemalteca, por fin, se reconcilie consigo misma y avance hacia un mejor futuro.

Un dirigente que hable con la verdad, que se comprometa con la verdad, la justicia, la democracia institucional y la tolerancia, que observe la Constitución y la ley, así como que actúe con transparencia, decencia, seriedad, tolerancia, responsabilidad y firmeza; que no olvide que el interés general prevalece sobre el particular, que esté claro que va a servir y no a servirse, y que adopte en todo momento una actitud respetuosa, pacificadora, paciente, prudente y dialogal. Un ciudadano ejemplar que oriente y guíe a nuestra sociedad, la aparte de la mentalidad fatalista, de la vieja política y de la bancarrota moral en que se encuentra, y haga compatibles el liderazgo político, el éxito económico, los derechos fundamentales y la paz social.

“El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”. (Otto von Bismarck).