Viernes 19 DE Abril DE 2019
Opinión

Extorsión y linchamiento en Mixco

— editorial

El jueves pasado, en el municipio de Mixco, departamento de Guatemala, una turba capturó, prendió fuego y dio muerte a dos supuestos sicarios, a quienes acusaron de ser los responsables del ataque contra un taxista, quien también falleció. Aparentemente, los dos individuos linchados pertenecían a una banda de pandilleros, que se dedica a extorsionar taxistas, entre otros, bajo amenazas de muerte.

El linchamiento de los presuntos pandilleros se llevó a cabo en presencia de agentes policiales, quienes no intervinieron en el hecho punible por razones que se desconocen.

El Código Penal castiga los linchamientos bajo la denominación de “delito de muchedumbre”, que tiene las siguientes notas típicas: Si la reunión tuvo por objeto cometer determinados delitos, responderán como autores todos los que hubieren participado materialmente en su ejecución, así como los que sin haber tenido participación material, asumieron el carácter de directores.

Asimismo, el Código Penal dispone que comete asesinato quien matare a una persona con alevosía, premeditación o perversidad brutal, y que el responsable será sancionado con prisión de 25 a 50 años, y que comete homicidio quien diere muerte a una persona, y que el responsable será castigado con prisión de 15 a 40 años.

En consecuencia, las autoridades deben investigar no solo el linchamiento de los dos supuestos sicarios, sino también el ataque mortal contra el taxista que fue asesinado, a fin de establecer quiénes son los autores intelectuales, cómplices y encubridores de ambos crímenes, y que todo el peso de la ley penal caiga sobre los responsables, tanto por acción como por omisión.

En todo caso, cabe advertir que tanto las extorsiones como los linchamientos estigmatizan a nuestro país como uno de los más salvajes del mundo. Por cierto, ambos delitos, entre otros, han colocado a Guatemala entre los países más peligrosos del mundo y, por supuesto, altamente riesgosos para ser habitados o visitados.

Por cierto, las causas de los linchamientos son atribuidas a múltiples factores, entre los que destacan: 1) Limpieza social; 2) Fundamentalismos religiosos; 3) Falta de credibilidad en la justicia oficial; 4) Ausencia de acceso a la justicia oficial; 5) Vacío, pasividad o impotencia de la autoridad estatal; y 6) Fortalecimiento de la cultura de muerte.

Indudablemente, preocupa sobremanera la cultura de muerte que nuevamente se afianza en una sociedad sin esperanza, aterrorizada y destrozada moralmente, en la que siguen prevaleciendo los supuestos de una violencia fratricida y despiadada que postulan que la vida humana no vale nada, que la única manera de sobrevivir es haciendo valer la ley de la selva y que no hay margen para la solución pacífica de los conflictos.

Con profunda amargura tenemos que reconocer y confesar que los linchamientos y las extorsiones son el vivo reflejo de que la paz en esta Tierra del Quetzal empieza nunca y que la justicia oficial y el orden legal siguen cediendo ante el derecho del más violento. ¡Qué desesperanza!

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