Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
Opinión

La tentación totalitaria

Esa “tentación totalitaria” se nos disfraza como una hidra de mil de cabezas que busca seducirnos en nuestra abulia diaria.

Fecha de publicación: 21-03-19
Por: Armando de la Torre

 

La estereotipó Jean-François Revel hace medio siglo y le han dado su renacimiento ciertos países del Caribe, en este momento también Guatemala.

Porque de nuevo resbalamos en ella por obra y gracia de la Corte de menos tiene de Constitucional. Ahora en Guatemala me parece que retrocedemos más de medio siglo al estilo autoritario de Jacobo Arbenz Guzmán y de su Decreto 900.

Peor aún, nos creo de vuelta a la Edad de Piedra del castrismo o del nacional socialismo, si se quiere.

La noche autocrática ha regresado, el amanecer democrático es engullido por las ráfagas heladas de un invierno inesperado y prematuro. Haremos dentro de unos tres meses una obligada genuflexión hipócrita ante unas elecciones amañadas.

¿Y todo por qué? Por la misma renovada ofensiva totalitaria que nos llega una vez más desde Rusia, China, la ONU y hasta de ciertos niños malcriados de la vida pública en los Estados Unidos, Todd Robinson, en el caso nuestro, a la cabeza. Mientras cubren el espacio hasta las próximas elecciones –en solo dos años– en los Estados Unidos.

En Guatemala esto ha sido adornado, eso sí, con unos magistrados de corbata Pierre Cardin encabezados por otra magistrada de tacones altos de dama y supuestamente todos de intelecto universitario made in USAC.

En otras palabras, así traduzco nuestro regreso al más plebeyo sentido de animales políticos en la secuela de la exclusión de Zury Ríos Sosa de su incuestionable derecho humano a elegir y a ser electa así como del grosero manoseo del entero proceso electoral previo a las elecciones, que dejan de ser válidas por tanto.

Y si por arte de magia Guatemala regresara en este instante a la civilización jurídica que acabamos de tirar por la borda, Gloria Porras, Francisco de Mata Vela y Bonerge Mejía serían los primeros en ingresar por lo mínimo en prisión de muchos años. Aunque para suerte de ellos, todavía permanezcamos hundidos hasta el cuello en el lodo del subdesarrollo jurídico.

Así veo esta nueva recaída en la “tentación totalitaria” de esos infelices y de sus acólitos.

La “tentación totalitaria” regresa a todo lo humano, y no solo en Guatemala, confinada a los “motivos del lobo”, como nos lo advirtiera Rubén Darío.

Pero continúa siendo injustificable el que a estas alturas nos dejemos atrapar por ella, ni ante Dios ni mucho menos ante cualquier humano. Porque tales leguleyos acaban de deshacer, y peor aún, impunemente, el entero tejido de la democracia representativa en Guatemala que al precio de avances esperanzadores unas veces y de retrocesos muy humillantes otras se ha construido a partir de la Revolución liberal de 1871.

Todo un siglo y medio de esfuerzos, de lecciones, al precio de lágrimas y hasta de sangre, tirados estúpidamente al bote de la basura por un puñado de demasiados ambiciosos desalmados, nativos y extranjeros.

¿Quién o quiénes se los han autorizado?…

Adiós a la espera de algún día próximo de vivir en un pleno Estado de Derecho.

Nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos condenados, por un puñado de analfabetas ignorantes en absoluto de lo que entraña todo derecho constitucional moderno, a convivir en perpetuidad con semejantes trogloditas.

Elecciones desde este momento de impugnable validez constitucional.

La tentación totalitaria sobrevive así, por lo tanto, en nuestro plano colectivo como la vertiente tiránica de nuestra estrechez de mira. Y así resulta al final lo más opuesto a toda pretensión civilizada, es decir, aquella de la tolerancia sabiamente recíproca y respetuosa.

Tales saltos hacia atrás no son, por supuesto, exclusivos a nuestra Guatemala de hoy. Hagamos algo de memoria:

Nerón o Herodes, por ejemplo, encarnaron en su momento dentro del glorioso marco de la República Romana las personificaciones supremas de esa reincidencia hacia lo más salvaje y primitivo que entraña toda “tentación totalitaria”.

Y sus equivalentes contemporáneos pudiéramos sugerir que también lo fueron un Stalin, un Hitler, un Mao o un Fidel Castro…

Pero aun sin llegar a tales extremos, esa “tentación totalitaria” se nos disfraza como una hidra de mil de cabezas que busca seducirnos en nuestra abulia diaria, o sea, tanto en la intimidad de nuestros hogares como en la sociedad abierta del trabajo y de la vida social.

Soy testigo presencial, y para nada me enorgullece.

O si se quiere, también la “tentación totalitaria”, a los ojos del devoto hasta podría ser interpretada como la expresión última de una recaída en el pecado original, porque en la medida en que no nos mantengamos alerta a su respecto se impondrá reiteradamente en nuestras conciencias una y otra vez.

Y lo mismo valga para otros pueblos incautos en el plano internacional: como un Nuevo Orden fachista o como la Internacional Socialista, o el Foro de Sao Paulo o hasta ese mismísimo amasijo planetario del día de hoy que conocemos como la Organización de las Naciones Unidas.

Y así, de tal manera podríamos conceptuar a cada uno de los integrantes de la Corte de Constitucionalidad, o a los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, o al Registrador de Ciudadanos.

Por esta misma razón se ha dicho también que el diablo se oculta en los pequeños detalles de las abultadas maquinarias burocráticas de cualquier tipo.

Todo esto me viene melancólicamente a la memoria al tropezarme casi a diario con noticias aparentemente baladíes como esas de las reglamentaciones minuciosas de los debates públicos emanadas del Tribunal Supremo Electoral o de las resoluciones dictatoriales de los mismos tres magistrados que en los últimos tres años se han constituido en mayoría en la Corte de Constitucionalidad.

¿Hasta cuándo entenderemos el Estado de Derecho, que gira esencialmente en torno a la dignidad infinita de cada persona humana? ¿Y acaso también constitucionalmente no disponemos de otros Poderes soberanos como el Ejecutivo o el Legislativo? ¿Dónde están?…

En la práctica, todo ello se ha traducido al ignominioso hecho que solo aquí, en Guatemala, tan solo tres sujetos que hacen mayoría en la Corte de Constitucionalidad se hayan atrevido ilegalmente a decidir por todos.

Y para el que opine lo contrario, hipotéticamente condenarlos a una cárcel legal, pero sin juicio previo ni proceso judicial ante juez competente.

¿Cómo lo veríamos todos desde ahí?

Que disfruten el próximo evento electoral cuyos resultados ya anticiparon por su obra y gracia Gloria Porras, Francisco de Mata Vela y Bonerge Mejía así como de sus secuaces de Semilla, la UNE y de ciertos extranjeros que vegetan sin producir muy lejos de esta tierra pero que deciden sobre ella y sus habitantes todos, en realidad, aprendices de tiranuelos que han sucumbido abiertamente a la “tentación totalitaria”.

¡Feliz agitación electorera…!